Desde comienzos de la década del 70, la organización humanitaria internacional Médicos sin Fronteras cumple en todo el mundo la función de otorgar asistencia médica a poblaciones víctimas de catástrofes naturales, enfermedades, epidemias y hasta situaciones traumáticas derivadas de conflictos armados.
Así, profesionales de todas las latitudes se suman permanentemente a esta cruzada para tratar de aplicar sus conocimientos en paliar y en la medida de lo posible, acercar una solución concreta a poblaciones en estado de alto riesgo por el motivo que fuere.
Cuando Carolina Loreti (36), nacida en Paso del Rey, y que desde hace unos años vive en Ramos Mejía, descubrió y se informó sobre las actividades de MSF, supo que ese era un camino que ella quería recorrer, ya que intuyó que sería una experiencia de vida que la haría crecer y que serviría para ayudar a los más desprotegidos por el flagelo de la pobreza o de las guerras.
Médica clínica luego especializada en Infectología, Carolina nos cuenta que “esta actualidad mía se remonta a mi primaria, ya que cuando nos preguntaban cómo nos veíamos de grandes, yo decía que me veía como médica ayudando en Africa” y señala que “de chica crecí escuchando hablar de la epidemia de HIV, y desde entonces me interesó el tema, ya que en esa época era muy difícil curar ese mal”.
Egresada de la Universidad de Morón, luego de rendir con éxito las especialidades clínica y de infectología, Carolina trabajó durante más de tres años en el hospital Posadas, haciendo una residencia, y luego como médica de planta.
Fue hacia comienzos de esta década que a Carolina le picó el bichito de unirse a MSF. Esto fue en 2013, y se presentó, pero el escollo fue que había que saber francés. No era su caso, pero dispuesta a superar este paso, estudió el idioma y en 2014 los astros se alinearon, y pudo ingresar al listado de médicos de la entidad.
En razón del tiempo que exige la dedicación a esta tarea de viajar por el mundo, Carolina Loreti pidió licencia durante un año, pero al cabo de su regreso de su primer viaje a Georgia, una república antes integrante de la ex Unión Soviética, debió renunciar al Posadas para quedarse solo con su actividad en MSF.
“Nosotros somos testigos privilegiados de lo que pasa en los lugares a donde vamos” remarca Carolina, “ya que llegamos a donde nadie lo hace” y aclara que “contar lo que pasa tiene su precio, por ejemplo que el gobierno de un país te eche porque no le conviene que se divulgue algo negativo”.
Cuenta que “el sistema operativo para enviarnos a algún lugar es muy eficiente, ya que desde Buenos Aires hay una oficina que recluta a socios médicos y otros profesionales, y también se generan proyectos en Uruguay, Brasil y México, y entre los misiones principales se generaron tareas en Bolivia por el tema Chagas, en México por la violencia del narcotráfico y en Haití por el terrible sismo que soportó años atrás”.
Hasta el momento, Carolina participó en dos importantes misiones: a fines de 2015 viajó a Georgia, un país de incomparable belleza sobre al Cáucaso y bordeado por el mar Negro, en el corazón de Europa Oriental, para ayudar a combatir y neutralizar una fuerte epidemia de tuberculosis. Tras nueve meses de valiosa experiencia, y luego de una breve pausa en Argentina, Carolina emprendió su segunda misión: hacia Kenia, una nación muy pobre y muy poblada de Africa, donde se abocó al tratamiento de pacientes con Sida, una enfermedad con alta incidencia en esa nación.
En la actualidad, Médicos sin Fronteras cuenta con 468 proyectos de asistencia médica y humanitaria en 71 países, y participan más de 6 millones de socios, donantes y colaboradores en todo el mundo.
Durante el año pasado, la entidad, cuyos ingresos provienen de socios y donantes del ámbito privado en su gran mayoría, envió al terreno a 3200 profesionales, que colaboraron con más de 32 mil trabajadores contratados localmente por la organización, que cuenta con cinco sedes principales en las ciudades de París, Bruselas, Barcelona, Amsterdam y Ginebra, donde se encuentra la sede madre.
Por su destacada actividad humanitaria, MSF - fundada en 1971 por un grupo de médicos y periodistas que quisieron dar una solución a las insuficientes respuestas de otros organismos a los desastres humanitarios- recibió en 1999 el Premio Nobel de la Paz.
De amplia inserción en todo el continente americano, MSF cuenta en la región con unos 120 profesionales que desempeñan tareas en todo el mundo.
Las dos experiencias que transitó Carolina por Georgia y Kenia fueron muy valiosas no solo por lo profesional sino también por el contacto humano con los pacientes y profesionales con quienes interactuó.
Comenta que “en el caso de Georgia, es un país donde la tuberculosis es muy difícil de tratar, ya que la cepa es complicada y tiene muchos efectos adversos y un largo tratamiento”. Explica que “estuve 9 meses viajando por todo el país, yendo a casas y a salas sanitarias y hospitales, y se fue armando un equipo de médicos y colaboradores, dictando cursos y evaluando el seguimiento del paciente”. Remarca que “al comienzo el idioma era un escollo, porque nos manejábamos en inglés, tanto otra colega alemana como yo, pero luego de a poco pudimos entendernos, además hay gestos y actitudes universales, y uno termina comprendiendo al otro en lo que le pasa”. Carolina estuvo nueve meses en Georgia, y señala que “al principio era difícil conseguir las drogas, pero luego se pudo ir solucionando la provisión y aumentamos de 50 a 900 la cantidad de pacientes atendidos” y asegura que “la gente es muy amigable, pero fue importante también el papel de los psicólogos”.
En el caso de Kenia, Carolina dice que “allá tres de cada 19 pacientes tienen HIV, la mayoría por transmisión sexual, porque no hay tanta educación preventiva. Trabajé con adultos de edad promedio 40 años”.