Si bien falta una semana para se conozca al ganador, ya hay indicios que muestran a la ex secretaria de Estado como la posible vencedora. A diferencia de lo que ocurre en Argentina, el país del Norte cuenta con un recurso poco común: el voto anticipado.
La recta final de la campaña se inició con varios spots publicitarios en los que participaron figuras de Hollywood, deportistas y músicos -casi todos igualando el voto con el "no voto" a Trump- para impulsar a los ciudadanos a empadronarse, en un país donde participar de las elecciones no es obligatorio. Una vez realizada la convocatoria, todas las fuerzas se destinaron en marcar presencia en los distritos en los que se realizan comicios adelantados. En 37 de los 50 estados ya se emitieron alrededor de 20 millones de votos y la candidata demócrata es la máxima favorita para acceder al Despacho Oval de la Casa Blanca.
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A diferencia de estos, hay otros distritos en los que los fondos de campaña no abundan sólo porque tienen una tendencia marcada por uno u otro partido. Kansas, Nuevo México, Idaho y California tienden a ceder sus votos a los demócratas. En contrapartida, Montana, West Virginia, Texas y Loussiana suelen favorecer a los republicanos con sus electores.
El sistema norteamericano es por voto indirecto y la investidura se decide por la voluntad del Colegio Electoral, que está compuesto por un número de representantes por distrito (esquema bastante similar al de la Cámara de Senador de Argentina). Cada votante elige por un candidato, pero en realidad lo que hace es direccionar el voto de los representantes de su Estado. Lo curioso del sistema estadounidense es que no hay reciprocidad entre cantidad de votos y voluntad de los electores: el candidato que se impone se lleva la totalidad de los electores por estado, aunque haya ganado por un solo sufragio. Las únicas salvedades son Maine y Nebraska, que dividen sus votos en forma proporcional al porcentaje que saca cada candidato.
¿Cómo fue posible? Aquí es donde Florida jugó un papel fundamental. A pesar de que ya pasada la medianoche, Gore había llamado a Bush para felicitarlo, el demócrata dio marcha atrás al saber que en la Península también había logrado la victoria y le correspondían los 25 electores que ésta repartía. Lo que el ambientalista no contempló fue que el gobernador del Sunshine State, como se la conoce a Florida, era el hermano del candidato republicano, Jeb Bush, quien direccionó los votos de los representantes en el sentido opuesto al previsto.
Con esta maniobra, el partido republicano se alzó con 271 votos del Colegio Electoral, contra los 266 que habían ido a parar a manos de los demócratas, y se quedó con la Casa Blanca. A pesar de que la demanda de Gore llegó hasta la Corte Suprema de los Estados Unidos, el máximo tribunal validó la decisión de los 25 electores de Florida y un mes después de los comicios se embistió a George W. Bush como presidente.
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