El país asiático tiene problemas en varios puntos, desde Hong Kong, tras la nueva ley de Seguridad Nacional que crispó a toda la región, pasando por India, por el drama fronterizo que involucra a las redes sociales, hasta la incógnita sobre el devenir del acuerdo nuclear entre Rusia y EEUU 

La milenaria China, considerada antaño, a sí misma, el "celeste imperio", que suponía ser el centro del planeta al dominar todo lo que estaba bajo el cielo, hoy se erige como una potencia que, tras siglos de avances y retrocesos, compite por el liderazgo mundial. Sin embargo, el contexto actual, con la pandemia de Coronavirus como trasfondo, diseña un tablero complejo, en el que se multiplican los conflictos alrededor, tanto a nivel regional como internacional, y el futuro se percibe incierto, condicionando, a cada paso, no sólo el devenir del país asiático sino de todo el globo.

Los encontronazos van desde un plano general, como la guerra comercial que afronta con Estados Unidos desde hace algunos años y derivó, por caso, en dramas financieros mayúsculos en todos los continentes, a crisis más particulares que están en ciernes, como los cruces con India por cuestiones fronterizas que llevan décadas pero que en las últimas semanas recrudecieron y pueden decantar en un futuro sombrío, a sabiendas que se trata no sólo de las dos naciones más pobladas del planeta, sino que ambas cuentan con un arsenal nuclear nutrido.

Cada movimiento, por lo pronto, se observa con lupa para visualizar un interés mayor, dado que, en el mundo globalizado vigente, todos los jugadores de peso habilitan sus herramientas disponibles para ganar terreno.

Así es como tomó revuelo lo que sucede en Hong Kong, un enclave, a las puertas de la China continental, que fue colonia de Gran Bretaña hasta 1997 y que, bajo el marco de "un país, dos sistemas", desde ese momento se estableció como un protectorado chino. Sin embargo, después de varias idas y vueltas, con conflictos de diferente calibre que ubicaban sobre la mesa el grado de autonomía del territorio, a principio de mes se sancionó la Ley de Seguridad Nacional, algo que habilita a penar como delitos de trascendencia a actos de "secesión, subversión o terrorismo".

Esa estructura legal se lanzó como respuesta a la serie de protestas que fue creciendo durante el año pasado y que había logrado, en septiembre, anular la ley de extradición propuesta para trasladar a presuntos delincuentes a Pekín. Aquella victoria que se percibía vital para los opositores al gobierno continental, ahora se trastoca. ¿Por qué? El manejo se sostiene desde la capital, y a la distancia lo entienden como una manera de presionar a disidentes en medio del habitual tironeo sobre la apertura democrática en la isla en relación al régimen cerrado del otro lado.

De esa manera, la región entró en cortocircuito con Pekín, en alianza con fuerzas mayores más alejadas. Por caso, quien movió su ficha fue Australia. ¿Qué hizo? Rompió el tratado de extradición con Hong Kong, y alzó la voz, recriminando por "falta de derechos humanos". Eso implica generar un quiebre temporal en la relación bilateral, pese a que se trata del principal socio comercial de China en la zona.

La pulseada, por lo pronto, tuvo un capítulo previo y ahora se materializa: la nación oceánica había dispuesto una investigación independiente para analizar la situación de la pandemia, cuestionando la responsabilidad de China y su respuesta ante la crisis sanitaria. A su vez, desde el gobierno que comanda Scott Morrison se expuso que habían sido hackeadas varias de sus entidades, y la acusación, con un tiro por elevación, fue hacia Pekín.

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A Australia se le unieron varios países en referencia a Hong Kong, entre los que se cuentan Japón, Taiwán (también bloque insular de conflicto histórico y que considera que le ocurrirá lo mismo en el corto plazo) y especialmente Gran Bretaña. Por caso, el primer ministro Boris Johnson destacó la intención de extender la ciudadanía británica a los hongkonenses e incluso puso en la palestra un tema clave de cara al futuro: el corte de las inversiones en tecnología que tienen como puntal al 5G, del que la empresa china Huawei es uno de los principales eslabones.

Esta última lógica tiene detrás a Estados Unidos, también en la misma carrera económica, que busca minar el terreno fértil que vislumbra Pekín rumbo al futuro en la telecomunicación. De hecho, los cuestionamientos están entrelazados, y toman el argumento de la utilización de la información recabada para propios intereses, en contra de disidentes.

La trama de conflictos no queda en ese espacio oriental de China, pues en su frontera occidental también hay dramas, e incluso más palpables, y con ligazón en la tecnología. ¿Por qué? Durante las últimas semanas se encendieron las alarmas en el Himalaya, en la Línea de Control Actual, que sirve de límite con India. Es que hubo pequeñas batallas, con saldo de decenas de muertos, en un territorio inhóspito de Cachemira, en un bloque en disputa desde hace décadas.

La escalada, de momento, se frenó, gracias a los planos fríos que pusieron tanto Xi Jinping, el líder chino, como su par indio Narenda Modi. Sin embargo, las escaramuzas se tradujeron en complicaciones de índole comercial, con las aplicaciones como eje, a tal magnitud que Nueva Delhi barrió con la utilización de varias, entre las que se cuenta Tik Tok, hoy en boga en medio de la cuarentena. Los argumentos, en sintonía: preocupación por posible utilización de información en beneficio del gobierno chino, en un mercado, el indio, que es el mayor en torno a las redes sociales.

El detrás de escena también tiene las pretensiones de ambos contendientes, ya que India busca confirmar su relevancia en la región, y mostrar su músculo al vecino, pese a que entiende que la distancia es mayúscula. Y aquí también se observa el brazo de Washington, que percibe a ese juego de pulseadas como clave para evitar el crecimiento exponencial chino.

Por último, el tablero mayor por encima de esos cruces: el vínculo Rusia-EEUU, que avanza en la negociación para renovar el denominado Nuevo Start, un acuerdo nuclear para evitar la propagación de armamento. Es que se vence próximamente y en las filas de Donald Trump pretenden sumar a la mesa a Pekín, para que también esté dispuesto al control de esas herramientas peligrosas. Por lo pronto, Vladimir Putin, el presidente ruso, está lejos de aceptar esa propuesta, aunque la definición estará más cercano a septiembre. ¿Qué se pone en discusión allí? La fortaleza de las potencias para contrarrestar al rival. Si China entra y se extralimita o si sigue alejado y puede potenciarse, aunque, claro está, cuenta con un nivel de armamento con el que todavía no puede disputar poderío militar a los otros dos contendientes.

La situación corrobora que, más allá del crecimiento chino, los obstáculos son varios y, en su camino al liderazgo mundial, tiene cuentas pendientes que resolver y le generan más de un dolor de cabeza, con el agravante que, cualquier solución, involucra no sólo a su población, la mayor del planeta, sino todo el resto del globo bajo el cielo celeste.

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