En el último sermón del 2019, el Sumo Pontífice reflexionó sobre la situación que atraviesa la capital italiana y pidió a los fieles que sigan luchando por el bien de todos

El Papa Francisco lamentó "las desigualdades y la corrupción" de Roma y, en su último sermón del año convocó a la Iglesia y a los habitantes de la capital italiana a superar los obstáculos para construir una ciudad más justa y fraterna.

"No es solo una ciudad complicada, con tantos problemas, con desigualdades, corrupción y tensiones sociales", planteó el pontífice al despedir el año con la celebración de las primeras vísperas y el tradicional Te Deum de acción de gracias en la Basílica de San Pedro.

"Roma es una ciudad en la que Dios manda su palabra, que se anida a través del espíritu en el corazón de sus habitantes y los convoca a creer, a esperar no obstante todo, a amar luchando por el bien de todos", agregó Jorge Bergoglio durante la celebración.

"Pienso en las tantas personas con coraje, creyentes y no creyentes, que he encontrado en estos años y que representan el corazón que late de Roma", agregó el también obispo de la capital italiana.

"De verdad Dios no paró nunca de cambiar la historia y el rostro de nuestra ciudad a través de los pueblos y de los pequeños y pobres que la habitan. El los elige, los inspira, los motiva a la acción, los vuelve sociales, los convoca a activar redes, a crear lazos virtuosos, a construir puentes y no muros", planteó ante los fieles.

"¿Qué le pide el Señor a la Iglesia de Roma? Nos da su palabra y nos anima a tirarnos en la lucha, a involucrarnos en el encuentro y en la relación con los habitantes de la ciudad para que su mensaje corra veloz", propuso Bergoglio ante un público entre el que destacaba la alcaldesa local, Virginia Raggi.

Antes de la celebración, en un hecho inusual, el pontífice había salido del Vaticano hacia una parroquia del barrio Nomentana para participar por unos minutos de las exequias de una amiga, la profesora Maria Grazia Mara, fallecida ayer en Roma a los 95 años.

"La escucha es ya un acto de amor. Tener tiempo para los otros, dialogar, reconocer con una mirada contemplativa la presencia y la acción de Dios en su existencia, testimoniar con los hechos más que con las palabras la vida nueva del Evangelio, es de verdad un servicio de amor que cambia la realidad", prosiguió.

"No debemos tener miedo o sentirnos inadecuados para una misión así importante", destacó finalmente el obispo de la denominada "ciudad eterna".

Tras la celebración de hoy, la tradición marca la visita del pontífice al pesebre que todos los años se ubica en la Plaza San Pedro, y que esta vez está emplazado desde inicios de diciembre junto a un árbol de Navidad llegado desde el noroeste de Italia.

Mañana, Jorge Bergoglio presidirá la primera misa de 2020 desde las 10 de Roma (6 de Argentina) en la Basílica de San Pedro, en el mismo día en que se conmemorará la edición de la Jornada Mundial de la Paz.

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