Casi 80 millones de personas concurrirán a las urnas, controladas por más de 28.000 observadores. Hay un clima de violencia y una férrea oposición de la gente al candidato del partido que gobernó durante 71 años.
Cerca de 79,5 millones de mexicanos están convocados a elegir hoy a su presidente para el período 2012-2018 en un ambiente enrarecido por la violencia y la visceral oposición de parte de la población al favorito en las encuestas, Enrique Peña Nieto, del ex hegemónico PRI. Tras tres meses de campaña y tres jornadas de reflexión en las que ha estado prohibido todo tipo de propaganda electoral, hoy abrirán más de 143.000 mesas de votación en todo el país.
Todas las encuestas pronosticaron el miércoles, el último día en que se pudieron difundir, una victoria en la elección, que no tiene segunda vuelta, del candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), formación que gobernó el país de 1929 a 2000, por una ventaja que variaba entre 10 y 17 puntos.
Asimismo, otorgaban el segundo lugar a Andrés Manuel López Obrador, aspirante de la coalición de izquierda Movimiento Progresista que hace seis años quedó también segundo pero con una diferencia del 0,56% de los votos, y el tercero a Josefina Vázquez Mota, del gobernante Partido de Acción Nacional (PAN, derecha). Un cuarto candidato, Gabriel Quadri, del minoritario Alianza Nacional (Panal), figura cuarto en los sondeos con entre 2,7% y 4%. Algunas encuestas también han adelantado una abstención en torno al 40%.
Estas elecciones serán las más controladas de la historia de México, con más de 28.000 observadores, 700 de ellos internacionales y cerca de un millón de ciudadanos, entre responsables de mesa elegidos por sorteo y representantes de los partidos políticos. “En el 99,9% del total de las casillas habrá tres o más representantes de partido y no habrá ninguna sin representación partidista (...). Tantos ojos y tantas voluntades serán una garantía adicional”, dijo este sábado el presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), Leonardo Valdés. Sin embargo, persisten muchas suspicacias sobre la limpieza de los comicios.
López Obrador, que en 2006 se negó a reconocer la derrota y denunció un fraude, ha vuelto a plantear algunas dudas sobre el presente proceso electoral. En los últimos días se han multiplicado las denuncias de los partidos por compra de votos, robo de urnas, reparto de alimentos con fines electorales, promesas de programas sociales condicionados y coacción del sufragio.
Están dirigidas sobre todo contra el PRI, pero también contra el PAN y la coalición Movimiento Progresista.
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