Donald Trump intervino para intentar evitar una represalia israelí y aseguró que aún está cerca un acuerdo definitivo con Irán.
La crisis en Medio Oriente sumó este domingo un nuevo capítulo de máxima tensión luego de que Irán lanzara varias oleadas de misiles contra Israel, en una acción que puso en riesgo el alto el fuego alcanzado meses atrás con la mediación de Estados Unidos y reavivó los temores de una escalada regional de consecuencias imprevisibles.
El ataque iraní fue presentado por Teherán como una respuesta directa a los bombardeos realizados por Israel sobre los suburbios meridionales de Beirut, una zona considerada bastión del movimiento chiita Hizbulá y uno de los principales puntos de influencia iraní en la región. La ofensiva israelí constituyó el primer ataque de magnitud sobre territorio libanés desde el último anuncio de tregua entre Israel y el Líbano, impulsado esta semana por Washington.
Según informó el Ejército israelí, once misiles fueron lanzados desde territorio iraní hacia distintas zonas del norte del país. Las alarmas antiaéreas se activaron en varias localidades y miles de ciudadanos debieron refugiarse durante más de media hora. Sin embargo, las fuerzas israelíes aseguraron haber interceptado la totalidad de los proyectiles, evitando daños significativos y víctimas fatales.
El servicio de emergencias Maguén David Adom informó que sólo recibió una alerta por un posible impacto, aunque finalmente no se registraron heridos. Tras casi cincuenta minutos de tensión, el Comando del Frente Interno autorizó a la población a abandonar los refugios y dio por concluida la emergencia.
A pesar de la limitada eficacia militar del ataque, el mensaje político fue contundente. Irán buscó demostrar que mantiene capacidad de respuesta frente a las acciones israelíes y advirtió que cualquier nuevo bombardeo contra el Líbano provocará una reacción aún más severa.
Las declaraciones posteriores elevaron todavía más la temperatura diplomática. El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, escribió en redes sociales que “Teherán debería arder esta noche”, mientras que el portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel, Effie Defrin, sostuvo que “el régimen iraní ha cometido un gran error” y confirmó que el Estado Mayor analiza los próximos pasos.
“Estamos preparados tanto para la defensa como para el ataque”, afirmó Defrin, quien dejó abierta la posibilidad de futuras operaciones militares aunque evitó anunciar una represalia inmediata.
En medio de ese escenario apareció la figura del presidente estadounidense Donald Trump, decidido a impedir que la crisis derive en una confrontación de mayor escala. En declaraciones a Fox News, el mandatario sostuvo que el ataque iraní “no ayudará a las negociaciones”, pero insistió en que todavía existe margen para alcanzar un acuerdo que ponga fin a la guerra.
“Ya disparaste tus misiles. Es suficiente. Vuelve a la mesa y haz un trato”, expresó Trump en un mensaje dirigido a Teherán.
Más tarde, en diálogo con el portal Axios, reveló que se comunicaría personalmente con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para pedirle que no responda militarmente.
“Voy a llamar a Bibi ahora mismo y decirle que no contraataque. Israel tuvo su bombardeo e Irán tuvo su bombardeo. No necesitamos otro”, señaló.
La preocupación de Washington radica en que cualquier reacción israelí podría desencadenar una cadena de represalias que arrastre nuevamente a toda la región a un conflicto abierto. De hecho, Irak anunció el cierre completo de su espacio aéreo durante 72 horas, mientras que Siria suspendió temporalmente las operaciones en parte de su territorio aéreo y en el aeropuerto internacional de Damasco.
Las medidas reflejan el nivel de incertidumbre que domina actualmente a Medio Oriente. Tanto Bagdad como Damasco justificaron la decisión en la necesidad de proteger la aviación civil frente a una eventual ampliación de las hostilidades.
En paralelo, Trump descartó una retirada de las fuerzas estadounidenses desplegadas en la región. El mandatario aseguró que los cerca de 50.000 soldados norteamericanos permanecerán en sus posiciones hasta que la misión esté “completada” y defendió la presencia militar como un elemento clave para sostener la estabilidad.
Mientras las cancillerías multiplican contactos para evitar una nueva guerra, la situación permanece extremadamente delicada. La tregua impulsada por Estados Unidos muestra signos evidentes de desgaste y las amenazas cruzadas entre Teherán y Jerusalén alimentan la posibilidad de un nuevo ciclo de violencia.
Por ahora, la ausencia de víctimas y la presión diplomática de Washington ofrecen una ventana para la desescalada. Sin embargo, en una región donde cada incidente puede transformarse rápidamente en una crisis mayor, las próximas horas serán decisivas para determinar si el conflicto vuelve al terreno de la negociación o ingresa en una fase mucho más peligrosa.
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