Santoro, Villanueva, Waisman, Grehan y Chalcoff fallecieron por el atentado terrorista que paralizó al mundo entero, pero en especial a una ciudad que se creía invulnerable.

Cinco argentinos -un enfermero, un bombero y tres empresarios- murieron en el atentado terrorista perpetrado en Estados Unidos el 11-S de 2001.

Mario Santoro, rosarino paramédico en Nueva York, se encontraba de licencia el día del atentado, pero al ver desde el balcón de su casa una de las dos torres ardiendo, le comunicó a su mujer que debía acudir al lugar de la tragedia: "Voy para allá; me van a necesitar". Santoro formaba pareja con una estadounidense, Leonor, y tenía una hija, Sofía.

Otro argentino que perdió la vida mientras intentaba asistir a las víctimas fue Sergio Villanueva, un bombero nacido en Bahía Blanca.

En 1992, Villanueva había ingresado al departamento de Policía de Nueva York y siete años después se convirtió en bombero. Estaba comprometido con Tanya Bejasa y era conocido en su círculo íntimo por el apodo de "Big Daddy" (Gran Jefe).

Había finalizado su turno a las 8, 45 minutos antes de que un avión de American Airlines se estrellara contra la Torre Norte del WTC, pero luego ingresó en el mismo edificio, poco después de que el segundo avión impactara la Torre Sur.

El ex alcalde de NY, Michael Bloomberg, se refirió en su momento a Villanueva: "Hay un puñado de personas que nacieron para servir y dar el ejemplo. Sergio era uno de ellos". Además, la Universidad de Hofstra, en Nueva York, cuenta con la llamada Beca Villanueva en honor a su nombre, para ayudar a estudiantes-atletas a completar sus estudios universitario.

Gabriela Waisman, una psicóloga de 33 años, se encontraba de visita para una reunión en las Torres Gemelas. Fue la primera argentina identificada en la lista de personas fallecidas.

Se había mudado a los 6 años con su familia a Nueva York y en la Gran Manzana había desarrollado su carrera profesional en una empresa de software llamada Sybase.

Trabajaba en una oficina ubicada a nueve cuadras del complejo del World Trade Center, pero aquella mañana se encontraba en el piso 106 de una de las torres durante una feria comercial de su empresa.

Waisman se comunicó por teléfono su familia, que veía el atentado por televisión: "Estaba asustada, decía que había mucho humo y que le costaba respirar", relató Armando, su padre. "En el último llamado, decía que ya no podía respirar. Lloraba mucho. No la volvimos a escuchar", afirmó Waisman.

Otro argentino que murió el 11-S fue Pedro Grehan, quien tenía su oficina en una de las torres del World Trade Center.

Nacido en 1965 en San Isidro en 1997, decidió irse a probar suerte a Nueva York, tras permanecer desempleado, casado y con tres hijos.

Llegó poco después de las 6.30 a su oficina de trabajo. Un par de horas después, el primer avión impactaría unos pisos por debajo de donde él se encontraba.

Su madre, Inés Oteiza, aseguró haber visto a su hijo asomado en una ventana en una foto de un diario estadounidense y confió en que Pedro fue uno de los cientos que se arrojaron al vacío antes del colapso de las dos torres. Pero su cuerpo nunca fue encontrado.

El nombre del quinto fallecido, identificado en 2009, no fue incluido en una placa que en 2003 se descubrió en el edificio del Consulado argentino en Nueva York.

Se llamaba Guillermo Alejandro Chalcoff. Era un empresario de 41 años que poco antes del atentado había recibido la ciudadanía estadounidense, por lo que había sido registrado como una víctima local. Chalcoff era el presidente de Accutek Information Systems.

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