El premio Nobel de Literatura se ha convertido con el correr de los años en el galardón que más incertidumbre genera entre los lectores de todo el mundo, y en una de las fuente de apuestas mundiales que más ganancias genera en los países más importantes.
El autor japonés Haruki Murakami, el keniano Ngugi Wa Thiong’o, el sirio Adonis y el israelí Amos Oz son los que lideran las apuestas que tendrán una definición este jueves en la ciudad de Estocolmo.
En una segunda línea, se encuentran la canadiense Margaret Atwood, el italiano Claudio Magris o los estadounidenses Philip Roth, Don DeLillo y Joyce Carol Oates.
El albanés Ismail Kadaré, el austríaco Peter Handke, el húngaro Peter Nadas, el australiano Greald Murnane y el poeta surcoreano Ko Un son otros de los autores que aparecen en las quinielas de las casas de apuestas y las especulaciones de los medios escandinavos.
Aparte de los clásicos habituales se mencionan otros nombres menos frecuentes como el israelí David Grossman, los británicos Tom Stoppard y Jeanette Winterson, el húngaro Laszlo Krasznahorkai, la croata Dubravka Ugresic, el marroquí Tahar Ben Jelloun y la estonia Doris Kareva.
El español Javier Marías, otro habitual desde hace años, parece en esta ocasión el mejor autor hispanoamericano en las quinielas, por delante de compatriotas suyos como Eduardo Mendoza y Enrique Vila-Matas o el argentino César Aira.
Pero ¿por qué genera tantas expectativas este premio?
Desde su creación en 1901, se ha distinguido con el Nobel de Literatura a 113 autores, 14 de ellos mujeres, y en cuatro ocasiones ha sido compartido, la última vez en 1974.
La prosa, con 76 representantes, es el género más reconocido por la Academia, que ha premiado a 28 autores en lengua inglesa, 14 en francés, 13 en alemán y 11 en español.
Sin embargo, la premiación ha alternado elecciones cantadas como la del turco Orhan Pamuk (2006) con otros nombres inesperados como la austríaca Elfriede Jelinek (2004), la alemana Hertha Müller (2009) y autores que se creían olvidados, como Mario Vargas Llosa (2010).
Esta incertidumbre se ha visto incrementada desde la asunción de Sara Danius como secretaria permanente de la Academia en 2015, año en el que se premió por primera vez al género del reportaje de la mano de la bielorrusa Svetlana Alexijevich, mientras que en 2016, se cruzó la frontera de lo escrito y le dieron la medalla nada menos que a Bob Dylan. En el fallo, la Academia resaltaba a “las nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense” de Dylan como causal para otorgarle el premio, que el rockero se tomó su buen tiempo en ir a buscar.
Ante todo este panorama, la figura del postergado Murakami, que encabeza desde hace años todas las apuestas más por ser un éxito de ventas que por sus buenas críticas, se ha transformado en una suerte de Leonardo DiCaprio de los Nobel.
La racha de DiCaprio llegó a su fin en 2016 gracias a su gran interpretación (que no fue la mejor aunque sí muy buena) en el film Revenant, el Renacido. ¿Será el 2017 el año de Murakami?