Tras una nueva serie de bombardeos y ataques cruzados, el presidente de Estados Unidos advirtió que responderá con dureza. Las negociaciones siguen estancadas.
La tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a aumentar este miércoles luego de una nueva ronda de ataques militares y declaraciones que ponen en duda la continuidad de los esfuerzos diplomáticos para poner fin al conflicto.
El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró que su país podría volver a lanzar ofensivas contra Teherán y acusó al gobierno iraní de dilatar las negociaciones. “Vamos a atacarlos muy duro”, afirmó ante periodistas en la Casa Blanca. Más tarde, en una publicación en Truth Social, sostuvo que Irán “ha tardado demasiado en negociar un acuerdo” y advirtió que deberá enfrentar las consecuencias.
Las declaraciones llegaron horas después de que Bahréin, Kuwait y Jordania, países que albergan tropas estadounidenses, fueran alcanzados por ataques reivindicados por Irán. La situación representa un nuevo desafío para el frágil alto el fuego que ambas partes intentan sostener.
Durante la madrugada, Estados Unidos llevó adelante ataques aéreos sobre territorio iraní. Según el Comando Central estadounidense, los bombardeos tuvieron como objetivo sistemas de defensa aérea, estaciones de control terrestre y radares de vigilancia.
Irán confirmó que hubo ataques en zonas cercanas a Bandar Abbas y a la isla de Qeshm, aunque no informó oficialmente el alcance de los daños.
En respuesta, Teherán lanzó una ofensiva contra distintos puntos de la región. Jordania informó que derribó cinco misiles dirigidos hacia la base aérea de Muwaffaq Salti, donde operan aeronaves estadounidenses.
Mientras el conflicto militar se intensifica, las conversaciones para alcanzar un acuerdo continúan sin avances concretos. Estados Unidos exige que Irán renuncie a sus reservas de uranio altamente enriquecido, mientras que Teherán reclama el levantamiento de sanciones económicas y la liberación de activos congelados.
Las diferencias mantienen bloqueadas las negociaciones y alimentan la incertidumbre sobre una posible salida diplomática.
La guerra también tiene consecuencias económicas. Desde el inicio de las hostilidades, los precios internacionales de la energía registraron fuertes aumentos. El petróleo Brent superó los 91 dólares por barril, impulsando costos de transporte, producción y alimentos en distintos mercados del mundo.
En paralelo, Israel mantiene su ofensiva contra Hezbollah en el Líbano, otro factor que complica cualquier intento de alcanzar un acuerdo regional más amplio y duradero.
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