El gobierno de Volodímir Zelenski reclamó mantener abierto el acceso humanitario a la localidad ocupada de Oleshki tras una tregua que permitió evacuar civiles.
Ucrania reclamó este domingo que se mantenga abierto el acceso humanitario a la localidad de Oleshki, ocupada por las fuerzas rusas en la región de Jersón, después del vencimiento de una tregua que permitió evacuar civiles y entregar asistencia a la población. El pedido se produjo en medio de una nueva escalada militar con Rusia, con ataques cruzados contra instalaciones estratégicas y bombardeos rusos que dejaron sin electricidad a cientos de localidades ucranianas.
El Ministerio de Exteriores ucraniano sostuvo que resulta fundamental garantizar la continuidad de los corredores humanitarios para asistir a los habitantes que permanecen en Oleshki, una localidad que atraviesa graves dificultades para acceder a alimentos, medicamentos y otros productos esenciales.
La operación fue posible gracias a un alto el fuego negociado con la mediación de la primera dama estadounidense, Melania Trump, que comenzó el martes y tenía previsto finalizar este domingo a las 22.59, hora local.
Antes del operativo, la esposa del presidente Donald Trump había señalado que el dispositivo contemplaba evacuar a más de 750 personas, de una población estimada de entre 2.000 y 3.000 habitantes que todavía permanecían en la localidad ocupada.
El defensor del pueblo ucraniano, Dmitró Lubinets, destacó la importancia de la misión y expresó su deseo de que se convierta en un mecanismo permanente para responder a emergencias humanitarias.
Entre los evacuados había personas de distintas edades, desde un bebé de poco más de un año hasta un adulto mayor de 94 años. Las familias también pudieron trasladarse con sus mascotas.
Además, las Fuerzas Armadas ucranianas informaron que durante la tregua evacuaron a otros 167 civiles, entre ellos 22 niños y 21 personas con movilidad reducida, desde localidades de la margen derecha de Jersón expuestas a ataques rusos.
Lubinets destacó que se trató del alto el fuego más prolongado respetado por ambas partes desde 2022.
El canciller ucraniano, Andrí Sibiga, consideró que la experiencia podría contribuir a generar confianza y abrir nuevas posibilidades para las negociaciones de paz.
"Si es posible detener las hostilidades en un lugar, se pueden detener en todas partes y de forma permanente", afirmó el funcionario, quien pidió a Moscú demostrar el mismo compromiso.
En paralelo, el presidente Volodímir Zelenski aseguró que durante octubre las fuerzas ucranianas recuperaron más territorio del que lograron conquistar las tropas rusas.
Según los datos difundidos por el mandatario, Ucrania liberó 96,2 kilómetros cuadrados, mientras que Rusia avanzó sobre una superficie 10,4 kilómetros cuadrados menor.
Zelenski también afirmó que las fuerzas rusas sufrieron durante octubre unas 54.400 bajas entre muertos y heridos graves, una cifra que calificó como récord desde el comienzo de la guerra. De acuerdo con sus estimaciones, el 21 de octubre se registraron 2.250 bajas en una sola jornada.
Las cifras fueron difundidas por las autoridades militares ucranianas y no cuentan con una verificación independiente en la información disponible.
El mandatario sostuvo que su país continuará defendiendo sus posiciones y buscando recuperar los territorios ocupados, aunque insistió en que Rusia podría detener las pérdidas mediante un alto el fuego y negociaciones diplomáticas.
Mientras se desarrollaban las gestiones humanitarias, Ucrania mantuvo sus operaciones militares contra objetivos ubicados en territorio ruso.
Zelenski informó que las fuerzas ucranianas atacaron la planta química de Kamensk, en la región de Rostov, vinculada con la fabricación de misiles, además de un sistema antiaéreo Pantsir-S2 y un vehículo de mando del sistema S-400 Triumf.
El presidente estimó en unos 70 millones de dólares el valor de los objetivos militares alcanzados y aseguró que las operaciones buscan reducir la capacidad de Rusia para continuar la ofensiva.
Por otra parte, drones ucranianos provocaron graves daños en una instalación industrial de la región rusa de Nizhni Nóvgorod, identificada por medios independientes como la refinería LUKOIL-Nizegorodnefteorgsintez.
El gobernador regional, Gleb Nikitin, confirmó el ataque y aseguró que las defensas rusas interceptaron más de un centenar de drones. El Ministerio de Defensa de Rusia informó, por su parte, que derribó 235 aparatos no tripulados sobre 17 regiones.
La ofensiva contra la refinería marcó la tercera jornada consecutiva de ataques ucranianos contra instalaciones petroleras, después de varias semanas de pausa atribuidas a las presiones de Donald Trump.
Rusia también intensificó sus bombardeos contra la infraestructura energética ucraniana, con consecuencias especialmente graves para la población civil.
En la región de Zhitómir, más de 650 localidades quedaron sin suministro eléctrico, mientras que en Dnipropetrovsk casi 100.000 usuarios continuaban sin luz durante la mañana del domingo.
Los ataques también obligaron a implementar cortes de emergencia en Kiev, donde la compañía eléctrica DTEK informó que sus técnicos trabajaban para reparar los equipos dañados.
En Vinitsia, los bombardeos afectaron instalaciones energéticas, una torre de telefonía móvil, edificios, un depósito y una parada de transporte público.
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