El obispo de San Justo tuvo a su cargo la misa al finalizar una doble marcha que se realizó con el lema "Basta de drogas en La Matanza", donde advirtió también que la lucha contra los estupefacientes también es "contra la corrupción que se filtró en nuestras fuerzas de seguridad, el sistema judicial y el ámbito político y empresarial".

El obispo de San Justo, monseñor Eduardo García, afirmó que "la droga se cobra vidas y también se va cobrando el futuro y los sueños", durante la misa celebrada al finalizar una doble marcha que se realizó con el lema "Basta de drogas en La Matanza".

La actividad, organizada por la Familia Grande Hogar de Cristo, la Pastoral Nacional de Adicciones Argentina y Cáritas Argentina, se desarrolló en el marco del Día Internacional de la Lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas.

Representantes eclesiásticos, comunitarios y sociales partieron simultáneamente desde la Rotonda de Tablada (Camino de Cintura y avenida Crovara) y Ruta 3 y Ruta 21, kilómetro 29, González Catán, para llegar a la Iglesia San Cayetano, ubicada en avenida Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas (Ruta 3) y Pekín, Isidro Casanova.

En ese templo, el obispo de Gregorio de Laferrere, monseñor Jorge Torres Carbonell, presidió la misa para pedir que no haya "ni un pibe o piba menos por la droga". Concelebraron el obispo de San Justo, monseñor Eduardo García, y sacerdotes de las comunidades matanceras.

En la homilía, monseñor García planteó que la problemática no es nueva, y alertó: "Han pasado muchos años y la droga, el narcotráfico y las adicciones han aumentado de una manera descomunal", agregando que "nosotros queremos ayudar a tomar conciencia, porque son cosas que no queremos ver, pero que están", sostuvo.

El obispo de San Justo advirtió que "la droga se cobra vidas y también se va cobrando el futuro y los sueños", añadiendo que "este es el dolor de muchas madres, que no saben qué hacer con sus hijos", señaló.

Posteriormente García puntualizó que "la droga, como todo virus, ataca las zonas más débiles y hoy en la pobreza y la exclusión social las drogas y el narcotráfico tienen el caldo de cultivo más generoso. La falta de oportunidades, recursos básicos y una mirada confiada a largo plazo empuja a muchos, especialmente a los jóvenes, a buscar en las drogas una salida más fácil a sus problemas".

Enfatizó a continuación: "Somos testigos de la nefasta matemática en nuestros barrios que, a medida que crece el hambre y la falta de trabajo, crece el consumo y el narcotráfico como un estado paralelo que aparentemente te saca del pozo y de la necesidad del hoy, pero te entierra para siempre. Combatir las drogas implica también luchar contra estas condiciones que las alimentan. Seguirá reinando la droga mientras no haya educación, salud, condiciones dignas de vida y de trabajo, que son los motores que impulsan a no dejarse llevar por la marea de la desesperanza y a ponerse de pie frente a la vida".

Más adelante el obispo afirmó: "La lucha contra las drogas también es una lucha contra la corrupción que se filtró en nuestras fuerzas de seguridad, el sistema judicial y el ámbito político y empresarial. La complicidad de algunos en estas áreas facilita la expansión del narcotráfico y la destrucción de vidas. Sin transparencia, integridad y responsabilidad en quienes ocupan posiciones de poder, se hace inútil todo esfuerzo. Por mucho que nos duela, no podemos ser ingenuos, si la droga sigue invadiendo impunemente nuestros barrios no es, sin que alguien sepa, sin que alguien mire para otro lado y sin que alguien cobre. No podemos dejar que unos pocos corruptos saboteen los esfuerzos de tantos otros que trabajan incansablemente por una vida buena para sus hermanos".

Eduardo García indicó también que "sabemos por experiencia que en los barrios donde las drogas mandan, la lucha es de cada minuto tratando de proteger a los pibes y las pibas de las tres C asesinas de la calle, la cárcel y el cementerio, con las tres C del colegio, club y capilla con el estilo de Dios que propone Francisco: cercanía, compasión, cariño".

Y apuntó que "la lucha contra el uso de drogas y el narcotráfico es un compromiso colectivo que implica otras tres C: cuidar, contener y construir. Cuidar: estar atentos, ofrecer apoyo y compasión a quienes enfrentan esta batalla diaria. Tender una mano amiga, escuchar desde el propio dolor. Contener, abrazando el dolor sin estigmatizar a las víctimas, crear espacios seguros y libres, fortalecer nuestros lazos comunitarios y proteger a nuestros chicos y jóvenes de las trampas destructivas de la droga. Construir es educar, informar y proporcionar recursos para la recuperación y la prevención. Construir implica edificar un entorno donde la esperanza y las oportunidades prevalezcan sobre el oscuro mundo de las drogas".

Por otra parte el religioso recordó que "en su resolución 42/112, el 7 de diciembre de 1987, la Asamblea General (de la Organización de las Naciones Unidas, ONU) decidió celebrar el 26 de junio el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas para mostrar su determinación en reforzar la actuación y la cooperación para alcanzar el objetivo de una sociedad internacional libre del consumo de drogas. Es bueno aclararlo para que ningún medio amarillista diga que la Iglesia en Argentina quiere marcar, desde la droga, un lugar de oposición".

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