No fue simple su andar, debió soportar escollos, golpes, pero salió fortalecido. Este hombre que vive desde hace 40 años en González Catán, a donde llegó a los 8 años, tras residir en San Carlos, Casanova. Eligió trabajar y dejar los libros, puesto que dejó la escuela tras completar la primaria. Fue recolector de residuos como su padre, Ramón Arseño Alegre, durante 14 años. "Mi viejo trabajó 30 años en Martin & Martin, y yo anduve por toda La Matanza, primero como peón y luego como chofer". Y desembarcó en el boxeo empujado por la enfermedad de una de sus hijas la cuarta de seis hijos, cuatro mujeres y dos varones.
El relato conmueve, pero este matancero de 48 años fue fuerte, se fortaleció en la adversidad marcada por la discapacidad de una hija, que hoy tiene 21 años y con muchas mejores comodidades que antes. "No lo quería asumir, le tenía bronca a la vida. Me sentía mal por lo de mi hija, caí en un pozo depresivo dos veces, a punto de hacer locuras. Mi señora sufrió, pero me ayudó muchísimo", expresa con ese dolor atenuado en este presente.
Un momento bisagraY la solución llegó casi sin darse cuenta. "Me peleaba con todos, estaba peleado con la vida, pero a fines de 1993 encontré un amigo, que me aconsejó boxear. No le creía, pero empecé y me di cuenta que era para mí", dice Luis.
Así fue que a los 27 años comenzó a pisar el mundo del boxeo. "Fue una catarsis por lo que me pasaba, ya que iba a dos psicólogos, quienes me querían ayudar, pero yo era quien no los podía ayudar", recuerda y subraya: "Hice terapia con el boxeo, que me devolvió la vida".
Luis Alegre tiene enormes referentes como Carlos Monzón, Víctor Galíndez, Oscar Bonavena. Sergio Víctor Palma, Látigo Coggi, Muhamad Ali, Mike Tyson y Julio César Chávez. De todos mira algo para poner en práctica a través de sus pupilos. Pero él también se calzó los guantes, tras haber conocido el deporte de los puños llevado por un amigo. "Después de practicarlo como una terapia, se me dio por boxear. Fui a León Gallo y Ruta 3, al barrio 20 de Junio, en donde me entrené con el grupo que manejaba en aquel tiempo, allá por el 94, Mario González, con quien hice tres peleas en el campo amateur. Luego Omar Zarza me llevo a la FAB y me entrené con Santos Zacarías, su hijo Alberto y Zarza", cuenta.
HistorialLuis Alegre fue un medio pesado (81 kilos), con 29 peleas como amateur, durante tres años. "A esa altura mi condición había mejorado, pero no pude ser profesional porque arranqué tarde", avisa y añade: "Durante un año me alejé de ese mundo y después comencé como entrenador de uno de mis hijos, algunos chicos del barrio y Celeste Peralta. Más tarde se unió Sole. Ella no quería saber nada, pero aprendió sobre todo por defensa personal. Así se fue enganchando, se hizo profesional y así hasta el día de hoy, en que tenemos el apoyo de Hugo y Pablo Moyano del Sindicato de Camioneros y de toda la gente del Gym La Camionera".
Su trabajo no supo de paréntesis, pero sí de mucho sacrificio, algo que Luis Alegre no negocia. Será porque nada le fue fácil, será porque debió echar mano al tesón para salir de un pantano que le propuso la vida, será porque su mensaje le llegó a muchos, incluida su hija mayor, que luce un cinturón de campeona mundial. Más allá de los por qué, Luis Alegre resume en una frase su estilo, su óptica, su impronta: "La guapeza no hace todo, es sólo una parte del boxeo, porque la disciplina y la conducta son fundamentales". Seguramente un poco de todo tuvo su receta de vida.