Los vehículos aéreos no tripulados les permiten estudiar movimientos y diseñar los robos. El fenómeno se expande en el AMBA y hay investigaciones con la tecnología en manos de organizaciones criminales.
Los drones ya no son sólo una herramienta de vigilancia utilizada por fuerzas policiales. Ahora, en la zona del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) los equipos aparecen cada vez con mayor frecuencia vinculados a la logística del delito, ya que son utilizados para observar viviendas antes de robos tipo entradera o escruche, pero también para controlar movimientos en zonas donde se venden drogas, incluso para el tráfico por fronteras o el abastecimiento en lugares complicados, como las cárceles.
“El delincuente ahora utiliza drones para hacer inteligencia sobre las viviendas que pretende robar”, sostuvo Claudio Izaguirre, titular de la Asociación Antidrogas de la República Argentina. Según explicó, el aparato permite conocer movimientos, accesos y objetos de valor sin que los integrantes de una banda tengan que permanecer durante horas merodeando una casa. Esos datos, afirmó, se incorpora a la planificación previa de una entradera o un escruche.
Izaguirre señaló que existen drones importados de bajo costo y afirmó que algunos pueden conseguirse por unos 30.000 pesos. “Antes los malvivientes merodeaban las viviendas, hasta las marcaban. En la actualidad se utilizan drones”, describió. También remarcó que, en casos de robos a personas mayores, comenzó a aparecer este recurso durante la inteligencia previa y sostuvo que quienes los operan suelen ser jóvenes.
En marzo de este año, la Policía bonaerense desarticuló al denominado Clan Caamaño, vinculado por los investigadores con la llamada “Banda del Dron”, relacionada con entraderas y robos en el sur del Gran Buenos Aires. Hubo allanamientos en Lanús, Berazategui y Avellaneda y se secuestraron armas, vehículos y tecnología.
El antecedente más llamativo tiene casi una década. En marzo de 2017, en José León Suárez, la Policía desbarató una banda que utilizaba un dron para vigilar un punto de venta de drogas. Fueron secuestradas 2.500 dosis de cocaína, marihuana, armas y el aparato. Los investigadores descubrieron además que el dispositivo era utilizado para realizar entregas a clientes, una suerte de “delivery” aéreo.
El fenómeno continuó y, en los últimos años, los drones también fueron incorporados a investigaciones contra el narcomenudeo en distintos puntos del AMBA. En La Matanza, durante una investigación de hace pocos días, se utilizó un dron termográfico junto con un helicóptero para localizar un punto de venta.
Para Izaguirre, el escenario puede ser todavía más complejo cuando la tecnología queda en manos de organizaciones de mayor estructura. El especialista mencionó al Comando Vermelho, una de las principales facciones criminales de Brasil con conexiones en nuestro país, y sostuvo que sus integrantes cuentan con entrenamiento para utilizar drones en el tráfico y la venta de drogas. Según afirmó, esos aparatos pueden emplearse para transportar estupefacientes, armas y dinero, además de vigilar a las fuerzas de seguridad.
En Brasil, además, se detectaron integrantes del Comando Vermelho con sistemas para detectar drones y capacitaciones para operadores, según investigaciones recientes. “Acá son muchos los grupos narco que están utilizando los mismos sistemas”, dijo Izaguirre.
El alerta también aparece en las villas y barrios populares del AMBA, donde se concentran numerosos puntos de venta de droga. Izaguirre comentó que allí los drones pueden funcionar como una alarma aérea para anticipar movimientos policiales y proteger los búnkers. La tecnología aérea puede convertirse en un sistema para anticipar operativos.
Para el experto, el desafío suma otro capítulo por la próxima visita del papa León XIV a la Argentina. “Quién lo va a proteger de estas mafias”, señaló. El dispositivo de seguridad tiene previsto operativos en Buenos Aires, Luján y Claypole.
La evolución marca un cambio en la inteligencia criminal: el viejo “campana” que permanecía horas observando una casa puede ser reemplazado por una cámara que sobrevuela el objetivo. El desafío pasa ahora también por detectar la tecnología que utilizan las bandas para mirar, anticiparse y moverse sin ser vistos.