Rubén, que trabajaba en un boliche de homosexuales, le abrió las puertas de su casa a un amigo, que estaba acompañado de otro hombre. Estaban pasando una velada agradable hasta que se desató el drama.
Alguien inspirado y algo cínico frente a la inútil sangre derramada resumió la tragedia de ayer en el barrio Villa Matilde de Hudson como una historia de amor, de locura y de muerte. Pero los investigadores, más acostumbrados en estos casos a comulgar con los distintos alias con los que suele presentarse el crimen, fueron un poco más allá y envolvieron al episodio en una atmósfera un poco más sórdida.
Una atmósfera que, a las dos de la madrugada de ayer, lejos estaba de perfilarse para Rubén Gómez (34) hacia la sordidez, cuando según afirman algunos de sus vecinos, estaba hablando por teléfono con su inalámbrico mirando la luna llena, parado en el jardín de su casa de la calle 54 N° 5634.
Adentro, ajeno a su conversación telefónica, a la luna y lo que quedaba en pie del día, estaba durmiendo su papá Antonio, que la semana pasada cumplió 82 años y se dio el gran gustazo de pasárselo en forma junto a sus cuatro hijos.
Dos horas después, dicen, fue cuando pintó el amor. Pero una forma de amor, o de pasión, o de descarga, que Rubén mantenía en la mayor de las discreciones porque él era homosexual y así quería que se quedara. Todos en el barrio sabían que trabajaba en un boliche gay de la Capital, pero sus deslices sentimentales, sus relaciones, eran herméticas y las compartía con muy pocos.
El amor, o un hombre acompañado de otro, ambos muy jóvenes, entró por la puerta grande de la casa de Rubén, quien le franqueó la entrada y, anfitrión como era siempre, lo acomodó en las modestas dimensiones de su hogar ofreciéndole unas copas de vodka. Fue así que, copa va y copa viene, Rubén y su amiguito se entonaron lo suficiente como para borrar cualquier rastro de vergüenza y pudor, y envalentonados se clavaron algunas copas más que terminarían motorizándolos al rojo vivo hasta la intimidad de la pieza que el joven ocupaba habitualmente al fondo de la vivienda de su padre.
Mientras ambos apagaban el fuego a su manera, el desconocido que había llegado al lugar junto al amigo de Rubén se entretuvo mirando el comedor de la casa. Hasta que se cansó y enfiló sigilosamente hacia otras dependencias, donde directamente transgredió los límites de la observación para pasar a meter mano a los pocos valores que había dispersos.
Confundido, el papá de Rubén, Antonio, se despertó súbitamente y al salir del dormitorio sorprendió al desconocido cuando robaba algunas de sus cosas. Descubierto y acorralado, el joven tomó un cuchillo de la cocina y amenazó al anciano, a quien no tuvo empacho en apuñalar a sangre fría en el pecho y el estómago.
Alertado por los gritos desde el fondo, Rubén corrió en busca de su padre. Pero al llegar a la cocina fue golpeado salvajemente por su amante y el amigo, quienes le destrozaron la cabeza con la ayuda del pesado pie de un viejo ventilador de la casa, para después rematarlo de varias puñaladas.
Desangrándose al ritmo de la peor madrugada que le había tocado en desgracia en sus más de ochenta años, don Antonio se arrastró hasta la calle persiguiendo a los asesinos de su hijo. Pero ya era tarde para lamentos y hazañas. Un vecino lo levantó de la acera y lo llevó hasta el Hospital Evita Pueblo de Berazategui, donde lo operaron con éxito para que pueda seguir contando sus penas.  

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: Nº: RL-2025-11499155-APN-DNDA#MJ - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - [email protected]

Edición Nro. 15739

 

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados