"En la puerta, desesperada, estaba la cuñada. Le pregunté cómo se llamaba la señora: 'Carmen', me dijo. Entré a la casa directamente, me metí en la escena. Yo estaba mitad uniformada, mitad no, pero no era evidente que era policía. Lo primero que hice fue preguntarle a Carmen cómo estaba", recuerda Averni.
La escena era compleja: Carmen estaba en una silla, con uno de los delincuentes apuntándole en la cabeza. Averni explicó qué fue lo que hizo: "Ella me dijo que quería irse. Tranquilicé al delincuente, dialogué con el muchacho, un menor que la seguía apuntando. Respondía que no quería ir preso, que él iba a salir con la señora o la mataba. Fueron minutos interminables: la situación es grave".
La tranquilidad de la comisaria tenía que ver con su formación: además de realmente ser abogada —no se hizo pasar, como trascendió—, es mediadora. "Lo fui llevando al delincuente. Uno de los muchachos de mi brigada, también vestido de civil, le comentó que 'era abogada y lo iba a aconsejar'. Le propuse que la dejara ir y yo me senté en su lugar. Ahí entró la brigada, tomó al ladrón y se lo llevó", concluyó.