El imputado, de 35 años, fue sentenciado por el delito de "homicidio agravado por el vínculo y aborto", y se le aplicó la máxima pena prevista en el veredicto unánime del Tribunal Oral Criminal Nro. 5 de La Matanza.

Prisión perpetua. El fallo recayó sobre Marcos Andrés Mansilla, quien fue juzgado y hallado culpable del crimen de su pareja Julieta Mena, la joven embarazada de dos meses y medio asesinada a golpes en su casa de la localidad de Ramos Mejía en octubre de 2015.

El imputado, de 35 años, fue sentenciado por el delito “homicidio agravado por el vínculo y aborto” y se le aplicó la máxima pena prevista en el veredicto unánime del Tribunal Oral Criminal Nro. 5 de La Matanza. En los principales fundamentos, se destaca que Mansilla tuvo “intención” de asesinar a Mena y que aprovechó su “mayor condición anatómica” para aplicarle “múltiples golpes de puño y patadas” en el cuerpo de quien era su pareja “desde hacía tres años”.

“Politraumatismos torácicos con fracturas frontales, hemotórax, contusiones pulmonares, estallido del cráneo y del hígado, lesiones en zona anal y vaginal, desencadenando el deceso de la afectada como el del feto de dos meses de gestación que llevaba en su vientre” fueron las heridas que detallaron los peritos durante el juicio.

Los expertos también determinaron que “la lesión anal se relacionaba con la introducción de un elemento punzofiloso en la zona y las lesiones en la vulva con una patada o golpe de puño” y vincularon estas heridas con la muerte del feto.

El Tribunal, entre otras cosas, basó su fallo en testimonios de testigos, como el de la madre de Mena, Marcela Morera, que declaró que Mansilla “la manipulaba mucho” y que se “llevaban muy mal”.

“Mansilla la había sopapeado pero dijo que ella se lo merecía” indicó la mujer, en alusión a un episodio en el que le había descubierto moretones en el brazo a su hija.

Otro de los testimonios considerados fundamentales fue el de un cuñado de Mena, quien vivía en una casa contigua adonde ocurrió el asesinato y dijo haber escuchado “gritos y golpes” en la noche del crimen. En su declaración, el testigo afirmó que escuchó decir llorando a Mena “basta, no me pegues más”, mientras Mansilla le gritaba “con cuantos me cagaste negra de mierda, quien te crees que sos”.

El testigo también aseveró que minutos después escuchó que Mansilla lloraba y decía “Julieta despertate, no me hagas esto”, por lo que llamó a Morera y a la Policía.

Los jueces también concluyeron de que el caso encajaba “en el concepto de femicidio”, ya que Mansilla había ‘cosificado’ a la víctima y había logrado que se alejara de su círculo íntimo, al tiempo que la hostigaba físicamente y verbalmente durante el último año.

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Tras la lectura de la condena, Mansilla, quien había presenciado la audiencia en soledad, fue retirado por tres efectivos del Servicio Penitenciario Bonaerense, mientras los familiares le gritaban “cobarde” y “cagón”.

El femicidio fue cometido el domingo 11 de octubre de 2015, alrededor de las 2, en una vivienda situada en la calle Pasco 289, casi esquina Bolívar, en Ramos Mejía, donde vivía Marcos Mansilla con su familia. Julieta Mena residía con su madre a pocas cuadras de esa casa, pero pasaba la mayor parte del tiempo con el novio. En esta ocasión, el hombre iba a concurrir con la joven y una pareja a un cumpleaños aunque finalmente no lo hicieron, hasta que la golpeó hasta causarle la muerte, ya que se oponía a que ella siguiera adelante con su embarazo.i

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