En medio del juicio oral por la violación y asesinato de Natalia Di Gallo, cuyo cadáver apareció el 1º de enero de 2004 en el Parque Pereyra Iraola, el padre del principal acusado de ser el responsable del homicidio rompió el silencio y expresó que en el debate "hay testigos que cambian su relato de manera sospechosa", además de revelar que "la justicia nunca siguió la pista de un ajuste de cuentas contra la familia de la chica".
"La investigación siempre estuvo dirigida por los padres de Natalia, no se siguieron otras posibilidades. Nosotros sabemos que la madre estuvo involucrada en una causa penal por abortos clandestinos. Tengo entendido que incluso hubo una paciente muerta. También sabemos otras cosas que llevamos a los investigadores, pero nadie siguió otras hipótesis. Desde el comienzo persiguieron a mi hijo Nicolás", dijo Cirilo Gómez, en declaraciones a Diario Popular.
El hombre, de profesión remisero, manifestó que los testigos que "ahora están declarando en el juicio ya contaron lo que vieron hace diez años, pero una década después resulta que cambian sus relatos, ya no tienen ninguna duda, y están enterrando a mi hijo, que es inocente, que fue también víctima de la persona que atacó y mató a Natalia".
Desde el comienzo de la causa, Nicolás Gómez, de 19 años cuando ocurrió el hecho y actualmente de 29 (es padre de dos hijos), indicó que el 28 de diciembre de 2003 invitó a salir a Natalia y fueron al Parque Pereyra Iraola en su auto Renault 11. Mientras estaba estacionado, según Gómez, un hombre le rompió el vidrio trasero y los atacó. A él lo dejó encerrado en el baúl y a la chica se la llevó. Tres días después fue encontrado el cuerpo de la joven en el mismo parque, pero en otra zona.
"A Nicolás lo crucifican todos. Ya está condenado, aún sin sentencia. Yo hablo con el corazón, porque amo a mi hijo, pero también conociendo en profundidad el expediente. Por eso creo que la familia direccionó la sospecha hacia Nico para tapar algo que los involucra. Yo investigué y confirme que hay una causa en Quilmes por abortos clandestinos. Para nosotros, pudo ser una venganza. Pero nadie nos escuchó", dijo Gómez.
Para el hombre, "lo peor de todo esto es que la justicia no está haciendo las cosas bien, en el debate los testigos cambian sus relatos y los jueces no permiten cotejarlos, y mientras tanto a una persona la marcaron para siempre, lo que provoca mucha impotencia, a pesar de lo cual seguimos confiando que alguna vez habrá justicia".
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