Alberto Chirico y su esposa María Delia Speranza fueron torturados antes de ser ejecutados de sendos disparos en la cabeza. Ayer la mujer policía se negó a declarar y su pareja afirmó no tener nada que ver con el hecho

Ella se negó a declarar, mientras que él intentó desvincularse del hecho y ofreció una coartada. De todas maneras, la pareja de oficiales de la Policía de la Ciudad, Sonia Soloaga y Diego Pachila, acusada de ser la autora del robo seguido de los asesinatos de un matrimonio en una casa del barrio porteño de Parque Avellaneda, continuará detenida, al mismo tiempo que crece la indignación entre los vecinos de la zona, al conocerse mayores detalles del caso.

Además de los familiares de Alberto Chirico y su esposa María Delia Speranza, sus conocidos manifestaron que "la mujer policía era la que estaba en la cuadra de custodia y con la que la gente entra en confianza" e inclusive, señalaron que las víctimas "la dejaban pasar al baño, la invitaban a comer, le alcanzaban un mate" y expresaron su bronca por el accionar delictivo de estos uniformados con una frase contundente: "Si ya no podemos confiar en quienes supuestamente están para cuidarnos, en los que tienen que prevenir los robos, ¿en quien vamos a confiar?".

Por otra parte, los investigadores del doble crimen de Parque Avellaneda establecieron que los ladrones y homicidas le sustrajeron a la pareja la suma de entre 70 y 80.000 dólares que guardaban adentro de cartones de leche y que con ese dato preciso, que habrían obtenido a partir del comentario del dueño de casa a la oficial Sonia Soloaga, resultaron torturados a golpes y culatazos, antes de ser ejecutados de sendos balazos en la cabeza, a la que taparon con un almohadón para que actué como silenciador del impacto.

Tras ser detenidos como principales sospechosos, al ser llevados a declarar ante la jueza Vanesa Peluffo y la fiscal Estela Andrades, Sonia Soloaga, se negó a prestar indagatoria y Pachila se desvinculó del caso, ofreciendo una coartada. "El oficial dijo que no tiene ninguna relación con el crimen y que ese día estuvo acompañando a su pareja, la otra imputada, en la denuncia que formuló sobre el supuesto robo de 300.000 pesos y de su arma que había sufrido y que también la llevó a una clínica", se supo.

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Ya puestos en disponibilidad por el Ministerio de Justicia y Seguridad de la ciudad de Buenos Aires, seguirán detenidos acusados de "robo y homicidio criminis causae", hasta que se resuelva, en los próximos días, sus situaciones procesales.

Según lo declarado por testigos, la oficial Soloaga conocía a las víctimas, ya que cubría todos los días, entre las 6 y las 14, la recorrida de la cuadra de la calle Eduardo Garzón al 3500 donde ocurrió el hecho, por lo que se sospecha que se aprovechó de la confianza que le tenían para entrar a la vivienda o actuar como "entregadora".

"Hacia unos tres meses que trabajaba en la zona. No era como otros policías, se daba con los vecinos, por eso me sorprendió lo que pasó, y ahora quiero que se pudra en la cárcel, por dentro tengo mucha bronca", expresó un hombre, residente en este sector de Parque Avellaneda.

Otro vecino del barrio comentó que Alberto Chirico había entablado una relación fluida con la uniformada, a la que en ocasiones había invitado a comer a la casa. "El estaba siempre en la casa, arreglándola o pintándola, y hablaba mucho con la chica policía. ¿En quién confiamos si no podemos confiar en la Policía? Fue un balde de agua fría enterarnos que la detuvieron. Uno quiere ser buen vecino, charlamos, interactuamos con los policías y pasa esto".

"Creemos que los torturaron a golpes para que revelen dónde tenían escondidos sus ahorros. El hombre tenía un sólo golpe en la cabeza, pero a la mujer le dieron cuatro culatazos y uno de ellos le destrozó el cráneo. La sospecha es que le pegaban a ella más duro para el marido se quiebre y entregue el dinero", manifestó uno de los investigadores que forma parte del equipo de la División Homicidios de la Policía Federal Argentina, quienes continúan con el relevamiento del barrio en búsqueda de testigos o videos que ayuden a esclarecer el caso, ya que por el momento ninguna cámara de seguridad pudo aportar alguna filmación de interés.

El hecho fue descubierto el pasado 11 de junio por la tarde, cuando efectivos de la comisaría vecinal 9C de la Policía de la Ciudad que recorrían la zona observaron que el portón de la casa del matrimonio Chirico, en Eugenio Garzón 3587, se encontraba abierto, localizaron a una hija que vive a una cuadra y cuando entraron hallaron los cadáveres.

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