Tras más de tres semanas de un cuestionado accionar de la Justicia, las explicaciones de los que estuvieron a cargo de la búsqueda no alcanzan al círculo de la joven

Tras más de tres semanas de una cuestionada investigación y el hallazgo del cuerpo de Araceli Fulles, las dudas se acrecientan.

Las explicaciones de los que estuvieron a cargo de la búsqueda no alcanzan, al margen de cuestiones como que el lugar en que encontraron enterrados los restos constituyan una presunta “segunda escena” o que las declaraciones de los ahora sospechosos no fueron suficientes para acusarlos con anterioridad. Y si ahora para detenerlos, apuntar a procesarlos de manera exprés y si es posible, tirárles el Código Penal por la cabeza.

En todos estos días, las versiones oficiales se encargaron de señalar que se dispuso del material y el personal especializado para resolver este tipo de casos, pero hasta ayer los resultados fueron nulos.

Apenas la insistencia de algunos medios de comunicación y el clamor de las redes sociales mantuvo “presente” la ausencia de la joven de 22 años, que una vez más, fue revictimizada con comentarios sobre sus amistades, costumbres y forma de vida.

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Lo concreto es que, casi al mismo momento, en que familiares y amigos marchaban para pedir por su aparición, surgió primero el rumor y luego la noticia sobre que los perros rastreadores dieron con un cuerpo o parte de él, enterrados en los fondos de la vivienda de uno de los “investigados” en el mismo barrio 9 de Julio de José León Suárez que había sido “peinado” de punta a punta por los expertos policiales.

Sin dudas, hay muchos puntos oscuros, que tanto la fiscal Graciela López Pereyra, como “los mejores hombres” de la Policía bonaerense, tienen la obligación de esclarecer.