Retomar el manejo de la agenda es un elemento clave para un gobierno que vivió tres meses monopolizados por noticias negativas. El Presidente dio instrucciones a sus funcionarios y él mismo sorprendió con su menú de propuestas del 1º de marzo, que le ahorró sinsabores.

La orden vino en modo de consigna: “Salgan a defender la gestión”. Lo dijo el propio Mauricio Macri en el marco de la última reunión de gabinete ampliado, en el CCK. La frase corresponde además a una convicción personal del Presidente, según la cual las cosas van bien, las medidas son las correctas y los resultados serán buenos. Por ahí deben buscarse las explicaciones al “crecimiento invisible” que mencionó en la Asamblea Legislativa.

De eso hablaron los que hablaron en el Congreso del PRO celebrado el viernes pasado. Allí fueron varios los oradores que expandieron aún más la determinación oficial de salir a explicar, trabajar en la territorialidad y ponerle el cuerpo a la defensa del gobierno. Claramente no se vio en Parque Norte el espíritu retraído que arrastró el oficialismo durante este verano adverso. Una administración a la defensiva no pone en marcha ya la maquinaria reeleccionista para los principales distritos que gobierna.

Corresponde a la misma estrategia la reanudación de los timbreos este fin de semana. Sin el Presidente esta vez, pero con el resto de sus espadas lanzadas a la cancha, a sabiendas de que en materia electoral tomar la delantera es muy redituable, máxime cuando la oposición está lejos de haber iniciado su recomposición. En rigor, todo el aire que ganó estas últimas semanas la oposición ha sido en función de las adversidades ajenas, más que de aciertos propios.

En el gobierno manejan datos que consignan que la imagen presidencial ha dejado de caer, luego de la pendiente por la que se deslizó a partir de la reforma previsional, los aumentos de tarifas y las patinadas de sus funcionarios. Esperan así que la baja haya llegado a su piso y resaltan que el nivel de ponderación sigue siendo elevado, por encima del 40%. “El más alto de todos los presidentes de la región”, como se ufana en remarcar el ecuatoriano Jaime Durán Barba, siempre atento a esos detalles.

Sin embargo los que miran la parte vacía del vaso advierten que la debacle deja datos para preocuparse en serio, como una imagen negativa que por primera vez supera a la positiva, y, sobre todo, un nivel de expectativas que ha disminuido de manera sino alarmante, notoria. Eso comenzó a suceder también a fines del año pasado, de la mano de las tarifas y el aumento de la inflación.

La promesa electoral sobre una rápida baja inflacionaria es una de las principales frustraciones del votante de Cambiemos.

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En ese marco hace mucho ruido la escalada del dólar, al que el Banco Central se vio obligado la última semana a destinar reservas para contenerla. Diversos factores explican su incontinencia, fundamentalmente estacionales, y los especialistas aseguran que no hay peligro de un desmadre, que esto es pasajero y que cuando el campo empiece a liquidar sus productos la divisa se pondrá en caja. Y en cualquier caso, el BCRA tiene 62.610 millones de razones (léase reservas) para actuar en consecuencia.

En privado, los funcionarios se sinceran admitiendo que el gobierno se siente más cómodo con este dólar instalado en 20 pesos, que cuando en noviembre andaba por los 17, más allá de que el valor actual no se condiga con lo establecido en el Presupuesto. ¿Pero qué dirían los que se quejan de la importación de tomates si el dólar aún estuviera bajo? Ni qué hablar de los industriales, enfrascados la última semana en una sorpresiva pelea con el gobierno por los reproches que desde lo más alto les destinaron a los empresarios.

Amén de esa cuestión, el temor subyacente es en qué medida el alza del tipo de cambio repercutirá en los precios. Será inexorable, admiten los economistas, que ya aventuran una inflación de 8 puntos como sumatoria de 2018 para cuando concluya el mes de abril: más de la mitad de lo proyectado para todo el año. Así y todo, los que salen a “defender” la gestión, aseguran que la meta inflacionaria no estará lejos del resultado final. Argumentan que los principales aumentos tarifarios ya habrán concluido para entonces, aunque falta aún una recomposición del transporte metropolitano.

Con todo, puede haber imprevistos, y el gobierno sabe bien de estas cosas porque las ha sufrido en carne propia. Las malas noticias pueden venir desde el campo, ya no solo por la sequía propia; la sequía también afecta a Estados Unidos, en este caso al trigo, y eso repercutirá en los precios internacionales, por lo que nuestro producto será muy requerido en los mercados, lo que puede generar un faltante a nivel local y el aumento de la harina. Ergo, en el pan, componente clave a la hora de medir la inflación.

Los cruces con los industriales matizaron la semana económica. Todo comenzó con un comentario de Macri que se filtró, continuó con los reproches del ministro Pancho Cabrera, felicitado luego por el Presidente, y encontró su pico en la réplica de José Urtubey. Hay razones concretas para suponer que la controversia fue deliberadamente buscada por el gobierno. Más allá de que en el ínterin hubo señales destinadas a distender la situación, como la visita de Marcos Peña a la planta de Techint en Campana, y la confirmación del encuentro que mantendrán este lunes en Casa de Gobierno, en el que se espera que se apacigüen los ánimos, existe la convicción de los estrategas oficiales de que esta esgrima verbal le suma al gobierno.

En un momento en el que esta administración sorprende con medidas que buscan alejarla de los clichés con los que se la suele rotular, no viene mal tratar de mostrar que no “gobiernan para los ricos”.

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Podría entenderse como parte de la misma estrategia con la que sorprendió el Presidente en la apertura de sesiones ordinarias, cuando exhibió un menú de iniciativas referidas a la igualdad de género. Además de la habilitación de la discusión del tema del aborto. El acierto de la decisión oficial de correr por izquierda al colectivo femenino que se proponía asediar al gobierno la semana pasada con el tema del aborto debe ser adjudicado al presidente de la Cámara baja, Emilio Monzó, que fue el que advirtió al Presidente y sus principales colaboradores que lo que se venía podía resultar inmanejable. Curado en salud desde el debate de la reforma previsional en diciembre pasado, el hombre de Carlos Tejedor encendió los alertas y encontró receptividad en el jefe de Gabinete, que habilitó la decisión de anticiparse a las presiones haciendo lo que ningún otro gobierno había hecho hasta ahora: dar luz verde al debate.

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Por más que desde la oposición fueron muchas las voces que sugirieron un aprovechamiento del tema por parte del gobierno para ocultar con el aborto otros debates, en realidad fue una medida en defensa propia. Se ahorró en el Congreso un escenario adverso intenso el 8M, cuando parte de la oposición pretendía sesionar para debatir el aborto -si bien se descontaba que no tendrían quórum-, y sobre todo evitó monopolizar las críticas en la multitudinaria marcha del jueves, como sin duda hubiera sucedido. Así y todo, fue marcado el tinte opositor de esa masiva manifestación.

No es la primera vez que el gobierno actúa así, en esas circunstancias; le resultó el año pasado, cuando la Corte Suprema sorprendió con un polémico fallo sobre el 2x1. En momentos que la ola amenazaba arrastrar a Cambiemos, Federico Pinedo apareció anunciando un fin de semana que el oficialismo elaboraba un proyecto para que el fallo pudiera alcanzar a la menor cantidad posible de represores. Apaciguó así los ánimos y alejó los embates contra el Ejecutivo.

De hecho, son muchos en el gobierno los que consideran que la decisión oficial de habilitar la discusión de la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo le permitió al gobierno salir de la defensiva, postura que el viernes los llevó a hablar abiertamente de las reelecciones de Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal en 2019. En los meses por venir, el debate girará en torno al nombre de la mujer que acompañará a Macri en la fórmula. “Mientras el peronismo sigue enredado en la indefinición de sus candidatos”, se ufanaba el viernes un diputado oficialista en Parque Norte.

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