La noche del domingo 27 de octubre, mientras Néstor Grindetti festejaba una reelección que parecía imposible repartiendo abrazos, en el búnker del candidato del peronismo repartían piñas, palos y sillazos

¿Puede ganar alguien que pierde? ¿Existe una operación inversa a las “victorias pírricas”? Lanús parece tener la respuesta. Es que tras los recientes comicios, se abrió una herida interna en el histórico bastión del peronismo y los cruces dentro de la fuerza no solo no se detienen, sino que parecen aumentar a medida que pasan los días. Curiosamente, la centralidad de la escena está dominada por una figura tan decisiva como ausente: Darío Díaz Pérez. Perdió su fuerza, ganó él.

La noche del domingo 27 de octubre, mientras Néstor Grindetti festejaba una reelección que parecía imposible repartiendo abrazos, en el búnker del candidato del peronismo repartían piñas, palos y sillazos. Es que hubo una “lógica de arrastre y sumatoria” que no funcionó y, poco amigos de la autocrítica, en el peronismo local comenzaron a danzar las acusaciones de traición, los reproches por el armado de las listas y la cada vez más notoria responsabilidad del anterior intendente, que se limitó a celebrar las victorias a nivel provincial y nacional.

Es que la desazón por el rechazo al candidato local, que se expresó en las urnas deforma categórica, dejó un mensaje claro, muy fácil de analizar a partir de la evolución del voto desde las PASO hasta las generales, y a partir del violento corte de boleta en los sectores donde históricamente el peronismo arrasaba.

En las primarias, con el 45,70% de los votos, Edgardo Depetri se quedó con la candidatura del FdT con por sobre Agustín Balladares (29,25%), Víctor de Gennaro (13,33%) y Verónica Dell Anna (11,69%). En suma, el peronismo había logrado 144.780 votos, casi 40.000 votos más que Grindetti, que resultó el candidato más votado con 105.126 votos. Con esos números, en el PJ se frotaban las manos calculando que los votos de los otros tres nombres de la interna irían en forma automática al ganador de la misma, pero no advirtieron dos fenómenos: el fuerte corte de boleta dentro de Juntos por el Cambio y que su candidato, el patrocinado por Díaz Pérez, tenía sólo un 45% de votos propios.

El 27O descubrió la herida

Confiado en la capacidad de arrastre propia de la boleta y el traslado de los votos de la interna, Depetri centró sus presencias en los actos de campaña de su propia agrupación. La poca coordinación de la figura local con las demás agrupación se vio claramente plasmada en la generales, donde el corte de boleta reinó, incluso en los sectores donde el peronismo se mueve con más comodidad dentro de Lanús.

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En Monte Chingolo, donde la fórmula Fernández-Fernández obtuvo el 67% de los votos, Depetri sólo sacó el 52%. En Villa Diamante, el corte de boletas en perjuicio del peronismo local fue del 12% y en Villa Caraza, donde estuvo 9 puntos por debajo de los candidatos a presidente y vice de su partido, perdió con Grindetti por cinco puntos.

El rechazo a la candidatura de Depetri se mostró claro con una pérdida total de 19.954 votos respecto de las PASO. Para muchos, lo que realmente gestó la “mudanza” fue el apoyo explícito de Díaz Pérez a Depetri. Es que quien fuera intendente de Lanús entre 2007 y 2015 presentaba una imagen negativa del 80% antes de disputarse las primarias. Para muchos lanusenses, no pasó desapercibido el hecho de que Karina Nazábal, esposa de Díaz Pérez, figurara en la boleta. Si la estrategia de Depetri era diferenciarse del armador de Lanús, sin dudas debió hacerlo antes de las elecciones. “Un collar de melones”, dicen dentro del PJ sobre el actual presidente del partido.

Pese a todo, Díaz Pérez ganó

La derrota dejó un claro mensaje puertas adentro del Partido Justicialista de Lanús. Sin embargo, pese a la derrota, sin una intendencia peronista, Díaz Pérez puede conservar la conducción del espacio a nivel local, como lo hizo desde su banca en el Senado, y su mujer finalmente accedió a la banca en el Concejo Deliberante.

Puertas adentro, para el resto del PJ todos perdieron menos Díaz Pérez. Y la hemorragia interna del peronismo, lejos de aplacarse, promete una sangría mayor: mientras el sector de Depetri acusa a diestra y siniestra de traidores a todos los que fueron a la interna con él, como si ellos hubieran direccionado los 20.000 votos que perdió a manos de Grindetti, los demás sectores lo señalan por haber realizado una campaña “muy relajada” y por no haberse despegado de Díaz Pérez, a quien ahora llaman “salvavidas de plomo”.

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