Aquel lejano primero de julio de 1974, del cual se cumplen hoy cuarenta y un años, marcó a fuego la historia política argentina. Por lo que pasó y por lo que pasaría después (ver aparte). Lo que pasó fue, lisa y llanamente, que a las 13.15 se informaba sobre la muerte de Juan Domingo Perón, el líder de millones de argentinos debido a un "brusco agravamiento" de su estado general, que derivó en un paro cardíaco.
Líder de un movimiento de masas surgido en 1945, su figura dominó la historia argentina durante la segunda mitad del siglo veinte y su sepelio movilizó a multitudes y se calcula que más de un millón de personas se quedaron sin poder darle su último adiós. Luego de los avatares por la profanación de su cadáver, sus restos reposan desde el 17 de octubre de 2006 en la quinta de San Vicente, en el mismo ámbito donde él y su gran compañera, Evita, solían descansar.
Juan Domingo Perón había nacido en 1895, se formó en el colegio militar de la Nación y ejerció diversas funciones en el ministerio de Guerra. En 1943, fue designado a cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Desde esa función, se hizo popular entre la clase trabajadora argentina, quien lo consagró su líder y, en 1946, lo eligió por primera vez presidente de la Argentina, para reelegirlo en 1952. En esos años se aprobaron numerosas leyes de carácter progresista, que favorecían los derechos de los trabajadores, protegían a los niños, a las mujeres y a los ancianos. Se nacionalizaron los ferrocarriles y otros servicios públicos, se fomentó el desarrollo industrial y se construyeron escuelas, hospitales y viviendas para los sectores populares en todo el país. En setiembre de 1955, un golpe militar lo derrocó, Perón debió exiliarse y vivió hasta 1973 en esa condición.
En 1973, levantada la proscripción de Perón y su partido, el peronismo ganó las elecciones y asumió su tercera presidencia. Sólo pudo cumplir su mandato por algunos meses.