Mientras lejos de aflojarse, la cuarentena XL tiende a cerrarse más por la llegada del temido pico, la capacidad de sobrevivir en el aislamiento se hace cada vez más difícil, así como el gobierno pone un pie en el freno ante la magnitud del agujero fiscal. Mientras, el caso Vicentin complica el escenario político

"Mecha corta", el Presidente suele reaccionar de manera áspera ante preguntas que le molestan. Ya sea por el tenor de las mismas, o bien por la forma como se la formulan, como admitió el miércoles ante la periodista Cristina Pérez. Hábil declarante, Alberto Fernández no es alguien al que le incomoden los micrófonos… pero le resulta imposible contenerse. Si le toman el tiempo y su interlocutor lo desea, no tardará en hacerlo saltar. Por más que le recomienden contenerse, no hay caso: es como en las visitas al interior o al Conurbano, el Presidente se baja el tapabocas o se lo saca y la distancia social desaparece en las selfies. O en los abrazos con gobernadores.

Al final, tuvieron que recomendarle/ordenarle no salir de Olivos. La advertencia llegó justo cuando el Covid-19 comenzó a hacer mella en la política. Arrancó con un oficialista, el intendente Martín Insaurralde, pero luego vino un efecto dominó en la vereda de enfrente. Entre tantos, cayó María Eugenia Vidal, quien de paso quedó expuesta por no haber respetado la cuarentena con su pareja, también con permiso para circular pero no para visitas sociales. Atentos: este virus te deschava.

De hecho, la búsqueda de la cadena de contagios expuso la reunión que el viernes 12 mantuvieron en la sede del gobierno porteño en Parque Patricios la exgobernadora, Horacio Rodríguez Larreta, Emilio Monzó y Martín Lousteau. La lista de dirigentes a hisopar dio cuenta de un polo opositor moderado que se va gestando en torno al jefe de Gobierno porteño. Porque aunque lo nieguen enfáticamente, ya están pensando en 2021. Opositores y oficialistas; no hay pandemia que les haga olvidar que el año que viene habrá elecciones clave y por más que falte un siglo, nadie puede dejarse estar.

La contagiada Vidal y el expresidente de la Cámara baja se volvieron a ver las caras después de haber terminado mal el año pasado, cuando la entonces gobernadora ignoró a la gente del hombre de Carlos Tejedor al armar la lista bonaerense. Pero deberán convivir pues Monzó va a jugar fuerte en la provincia y allí, en JxC, todavía manda Vidal, por más que se haya mudado a CABA. La presencia de Lousteau confirmó la vigencia del acuerdo con HRL con el que lo atrajo para las elecciones. El senador no sabe cómo jugará en 2023, pero en principio apostaría a suceder a Larreta, tal cual con él arregló el año pasado.

Menos mal que en aras de evitar masividad bajaron de la reunión a Diego Santilli y Rogelio Frigerio. Este último es socio de Monzó en la consultora que armaron para transitar en la actividad privada este tiempo en el llano. El vicejefe también suena para jugar en 2023 en la Provincia -que suma candidatos-, pero no larga prenda. ¿Y si aunque sea por cábala el jefe de Gobierno decidiera imitar a Mauricio Macri repitiendo la fórmula para la presidencial, con Santilli como compañero de fórmula?... Falta un siglo, ya dijimos.

Primero tendrá que terminar la cuarentena, que al paso que vamos pasará largamente los cien días. Pero más que terminarla, cada día hay más interés en reforzarla. La fase 5 parece una panacea inalcanzable para el AMBA, sobre todo ahora que el virus hizo pie en el Conurbano, para desvelo de las autoridades provinciales. Las cifras son las que aterran a los gobernantes, que no dejan nunca de pensar en su futuro político. Tan afecto a las comparaciones, el Presidente soslaya que mandatarios extranjeros como Trump, Boris Johnson o Macron estén firmes en sus puestos aunque hayan tenido miles de muertos. Aquí, 194 fallecidos alcanzaron para hacer de Aníbal Ibarra un cadáver político.

El terror al número de muertos lo tienen todos los que mandan: desde el Presidente, al último intendente. Esa es la razón de la cuarentena más larga del mundo. La paradoja es que justo cuando el cansancio moral, pero sobre todo económico, hace inviable una prolongación del encierro, resulta imperativo volver al estadío inicial. Tantos meses de aislamiento debieron servir para adecuar al sistema de salud para enfrentar mejor el peor momento -se hizo, pero sigue siendo insuficiente el nivel de testeos-; y justo cuando el pico se acerca es cuando ya no hay resto para mantener el retiro.

No lo tienen el ciudadano de a pie, ni el comerciante, las pymes, ni los industriales, ni tampoco el Estado, que por el gigantesco agujero fiscal admite que casi no puede pagar ya el ATP -tal vez en junio no supere un sueldo mínimo, y olvídense que ayude con el aguinaldo-. ¿Cómo pensar entonces que las empresas sí tengan resto para enfrentar sus obligaciones?

La encuesta que elaboró el CEU para la UIA es lo suficientemente gráfica para exhibir el preocupante cuadro. El 21% de las industrias siguen inactivas y otro 43% produce con caídas mayores al 50%. El 62% tuvo una baja en las ventas mayor al 30% y solo el 14% las mantuvo. El 41% no pudo pagar impuestos y el 27% no pudo abonar a los proveedores. El 46% no podrá cumplir con el pago del aguinaldo. La continuidad del 38% de las empresas estará comprometida si las condiciones actuales persisten en los próximos 3 meses.

Con menos difusión, no menos crítico fue el resultado de un trabajo elaborado por GrupoSet, que reveló que el 79% de los negocios dicen haber perdido dinero en 2020 y el 90% no piensa realizar inversiones este año. El 80% dice haber achicado su stock; el 95% considera "muy posible" tener que despedir personal por baja en las ventas y pérdida de rentabilidad, y el 80% manifestó que si pudiera vender su empresa no volvería a invertir en un nuevo emprendimiento. Por último, un dato inquietante para un presidente que sigue gozando de una elevada imagen: el 60% no cree que este gobierno pueda revertir la situación del país en el corto plazo.

Así y todo el Presidente está obligado a mostrarnos una luz al final del túnel. Por eso aseguró que tiene un plan para el escenario que se planteará post pandemia. Fue en una de las entrevistas que concedió la última semana, y en otra reveló que seguramente habrá una moratoria impositiva que será "para todo el mundo". Nada que sorprenda; todo Gobierno plantea llegado el momento su propia moratoria. Y más en la actualidad, cuando el coronavirus ha hecho desplomar la recaudación impositiva.

Otro apotegma dice que las moratorias no se anticipan, pero en tiempos de pandemia se han quemado los manuales y todo está por verse.

Como está por verse la resolución de la negociación por la deuda. Se sigue dilatando y todo indicaría que el acuerdo está lejano, que será difícil arreglar con el 100% de los bonistas, pero la verdad es que Alberto no quiere defaultear. Aunque si eso sucede, ya tiene listo un discurso que viene repitiendo como si preparara el terreno: "El que defaulteó fue Macri", en referencia al reperfilamiento.

La semana terminó con un traspié que en el fondo lo favorece. El juez del concurso repuso en sus cargos a los directores de Vicentin y relegó a los dos interventores del Estado a la condición de veedores. El gobierno lo vivió como una derrota, pero tal vez sea como cuando la Corte le puso freno en 2016 al aumento del gas del gobierno de Macri a usuarios residenciales. Si bien Cambiemos lo vivió entonces como una gran derrota, la postergación de los aumentos le sirvió a ese gobierno para descomprimir una situación social que amenazaba con desbordar.

El fallo del juez de Reconquista le sirvió al gobierno para salir de una encerrona en la estaba. Para no agrietar el frente interno con el kirchnerismo, no podía retrotraer la expropiación, como lo había sugerido en un principio, y en Diputados los números estaban muy ajustados… y a la baja. Sergio Massa trabajaba a destajo buscando alternativas para conseguir los votos, pero sin emitir juicios sobre un tema que se sabe lo incomoda. Pero siempre especulando con un texto más sosegado que el original de Anabel Fernández Sagasti. Por eso exploraba la posibilidad de avanzar en consensos con el sector de JxC que responde a Monzó y Frigerio, que presentó su propio proyecto para que la empresa fuera gerenciada por acreedores afines al sector, definidos por el propio juez de la causa. Nada que entusiasmara al kirchnerismo que motorizó el proyecto.

Las dudas hacían que el envío del proyecto al Congreso se demorara, con el consiguiente crecimiento del fastidio hacia el gobierno. En ese contexto se conoció el fallo judicial que apaciguó ánimos y volvió a poner al gobernador Perotti como vocero del conflicto hablando de un "rescate" de Vicentin, que podría terminar como "empresa mixta". Señales además dirigidas a apaciguar el banderazo previsto para protestar contra el gobierno.

Un gobierno donde Fernández debe seguir haciendo equilibrio, y es así que cuando la palabra expropiación parecía haber sido dejada de lado salió a fustigar al juez Lorenzini y se apresuró a aclarar que "el Estado se va a hacer cargo de Vicentin. Ya sea vía intervención judicial o vía expropiación. No hay marcha atrás".

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