Acusó al gobierno de Donald Trump de violar la libertad de navegación por la captura del buque Bella 1. La Casa Blanca mostró una postura diferente y salió a defender el operativo realizado cerca de las costas de Venezuela.
La tensión internacional volvió a escalar en las últimas horas, luego de que el gobierno de Rusia respondiera formalmente a la incautación del buque petrolero "Bella 1" por parte de Estados Unidos en altamar. La operación, llevada a cabo cerca de las costas de Venezuela, generó un cruce diplomático y reavivó el conflicto entre Washington y Moscú en un contexto global ya marcado por disputas geopolíticas.
A través de un comunicado difundido por el Ministerio de Transporte ruso, conducido por Andréi Nikitin, el Kremlin cuestionó la legalidad del operativo estadounidense y apeló a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. “La libertad de navegación se aplica en alta mar y ningún Estado tiene derecho a utilizar la fuerza contra buques debidamente registrados en las jurisdicciones de otros Estados”, señaló el texto oficial. En ese marco, el funcionario admitió que Rusia perdió contacto con la embarcación tras la intervención del Comando Europeo de Estados Unidos.
La reacción se endureció aún más con las declaraciones del legislador Andrei Klishas, quien calificó la incautación del petrolero como un “acto de piratería absoluta”, según consignó la agencia estatal TASS. Desde Moscú sostienen que el buque tenía carácter civil y bandera rusa, lo que, a su entender, invalida cualquier acción coercitiva por parte de otro Estado.
Del lado estadounidense, la incautación del Bella 1 (actualmente identificado como Marinera) fue presentada como el cierre de una extensa operación de seguimiento que se prolongó durante más de dos semanas en el Atlántico Norte. El petrolero había partido desde Irán con destino final en Venezuela y se encontraba bajo sanciones de Washington desde 2024, acusado de integrar una “flota fantasma” utilizada para evadir restricciones internacionales al comercio de petróleo.
Según fuentes oficiales, la nave logró eludir durante varios días el cerco estadounidense y, durante su huida, habría contado con apoyo disuasivo, incluyendo la presencia de un submarino y un buque de guerra. No obstante, la Guardia Costera de Estados Unidos logró finalmente abordar el petrolero sin que se registraran incidentes ni resistencia por parte de la tripulación, poniendo fin a una cacería marítima que atravesó aguas cercanas al Reino Unido.
La empresa rusa BurevestMarin, vinculada al buque, denunció públicamente el accionar de Estados Unidos y afirmó que se trató de una persecución injustificada contra una embarcación civil que navegaba sin carga. En un comunicado, la compañía sostuvo que el capitán intentó reiteradamente comunicar la identidad y el carácter del buque, pero que la vigilancia aérea estadounidense con aviones P-8A Poseidon, se mantuvo de forma constante.
El "Bella 1" ya había sido objeto de un intento fallido de captura el mes pasado, cuando se encontraba cerca de Venezuela y logró escapar tras cambiar de rumbo. Desde entonces, Estados Unidos intensificó el monitoreo del petrolero mediante aviones de patrulla marítima desplegados desde la base aérea de Mildenhall, en Inglaterra. Registros de vuelo de fuentes abiertas indican que la nave fue seguida durante varios días hasta su interceptación final.
Durante la persecución, la tripulación pintó una bandera rusa en el casco y el buque fue registrado oficialmente en Rusia bajo el nombre Marinera, una maniobra que Moscú utilizó para reforzar su reclamo diplomático. Sin embargo, dos fuentes con conocimiento del caso señalaron que la administración Trump no reconoce ese estatus y considera al petrolero como un buque apátrida, argumento central con el que Washington justifica la legalidad del operativo.
En paralelo a la incautación del Bella 1, el gobierno estadounidense confirmó la detención de una segunda embarcación, el M/T Sophia, lo que refuerza la presión sobre el entramado marítimo vinculado al comercio petrolero sancionado. La escalada suma un nuevo capítulo a la ya tensa relación entre Estados Unidos y Rusia, con el conflicto en torno a Venezuela como telón de fondo y un frente legal y diplomático que promete profundizarse en los próximos días.
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