Mar del Tuyú y el resto de las localidades de este distrito mantienen su vigencia con diferentes grupos de veraneantes que eligen su momento para disfrutar la arena y el mar

Una pelota de tenis rueda suavemente por la playa hasta pegar con un tejo sin moverlo y desde allí es devuelta a una joven que se distiende un rato jugando con la paleta. Por el medio del improvisado peloteo dos pequeños hermanos con rulos pasan con sus baldecitos a buscar agua del mar para seguir mezclando con arena intentando armar castillitos. La situación que se observa en Mar del Tuyú se repite a lo largo de los kilómetros de extensión del Partido de la Costa.

Desde San Clemente del Tuyú hasta Costa Esmeralda hay varios factores en común. Uno de ellos es la playa ancha que permite armar sombrillas y carpitas en la zona de la arena blanda y tener un lugar de esparcimiento en la arena más firme cercana al mar con buena concurrencia pero sin estar amontonados. Son pocas las playas que tienen carpas de alquiler y los veraneantes eligen estos destinos casi repetidamente por años.

“A la mañana aprovechamos para caminar. Hacemos varias cuadras por la playa tranquilos. A la tarde es más difícil porque tenés otro movimiento de gente”, puntualiza Oscar, de Lomas de Zamora, que lleva décadas eligiendo Mar del Tuyú para sus vacaciones.

Y el movimiento de gente se nota. Cerca del mediodía empiezan a aparecer los primeros grupos de jóvenes con sus caras de haber trasnochado pero si deseo de disfrutar el cielo despejado para tomar sol o meterse un rato en el mar.

A diferencia de Mar del Plata, las playas en esta zona de la Costa Atlántica no tienen escolleras. Mayoritariamente hacia el Norte o el Sur se suele ver un muelle de pesca salvo en la franja entre las calles 38 y 74 de Santa Teresita y Mar del Tuyú donde se ven ambos emplazamientos que muestras pescadores con caña y con mediomundo durante las 24 horas del día.

La playa fomenta charlas improvisadas aunque sean de pocas palabras, por los más chicos de la familia, por el mate, por ser conocidos de varios veranos en el mismo lugar más allá de vivir muy lejos durante el resto del año. En el mar el diálogo es de asistencia. “Ojo acá que hay un pozo”, le advierte un joven a otro mientras se mueve del lugar para evitar quedar atrapado con los riesgos que implica más allá de la observación constante de los guardavidas. Por estas características de la arena donde se eligen los chapuzones es que casi siempre la bandera que muestran las guardavidas es la roja y negra: mar peligroso.

Mientras que por la mañana los grupos mayoritarios son las familias, por la tarde aparecen los amigos, quienes aprovechan el atardecer y las playas anchas para improvisar partidos de fútbol con chinelas como arcos; de fútbol tenis ya con el armado de una red; o de 360 ball en su versión criolla (una red circular en la que se hace rebotar la pelota).

Las peatonales

Otro factor común se da en las calles que se vuelven peatonales a partir de las 20 (En Mar del Tuyú y Santa Teresita, la calle 2; en San Bernardo, Chiozza; en Mar de Ajó, Hipólito Yrigoyen; y en Las Toninas y San Clemente del Tuyú, la calle 1).

A la par de la playa y a pocos metros del mar está el fuerte movimiento nocturno en materia gastronómica y de entretenimientos para grandes y chicos. Las calles son copadas por los veraneantes, las mesas de los locales de comida y diferentes artistas que esperan una colaboración por el espectáculo que ofrecen.

Pasan los años en la Costa pero la propuesta de ocio mantiene su vigencia intacta en estas playas.

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