Lucas Moya tiene 30 años, terminó su contrato deportivo laboral a principios de mes, está bien, pero ya escasean sus ahorros y espera una decisión de las autoridades.

Uno de los tantos casos de argentinos varados en Italia es Lucas Moya, vecino de Monte Chingolo donde residen sus padres y su hermano, que mantiene una cuarentena de casi dos meses en una de las ciudades de Milán junto a otros colegas dedicados al fútsal, pero cuyo contrato se terminó el 3 de abril, y las gestiones para el regreso son arduas aunque no pudo embarcar en el avión que sale justamente hoy desde Roma, dadas otras prioridades para los 700 connacionales en suelo italiano. Empero, el dinero comienza a escasear y no tiene fecha cierta para volver.

Lucas, de 30 años, dijo a El Sureño que "llegué a Italia el 12 de septiembre de 2019, vivo en Morbegno, región de Lombardía, una de las mas afectadas, a una hora de auto de Milán. Acá estoy con otros dos argentinos, Pablo Alvarez, Jorge Regner y un español, compañeros de equipo. El virus comenzó a fines de febrero, nosotros transitábamos el torneo, y punteros, pero con la propagación tan inmediata se tuvo que dar un parate del cual nosotros, como los italianos, creíamos que sería sólo por una semana, a lo máximo dos".

"No se tomaba dimensión"

Luego, contó que "no se tomaba dimensión de los que venía, sinceramente, hace 50 días que estamos en cuarentena, y un mes y medio que esperamos noticias del consulado, o Cancillería, para volver a mi casa y estar junto a mis padres Fabio y Myriam y mi hermano Mariano. El día 12 de marzo me cancelaron el vuelo y desde ese día estamos a la espera. No hay información, el 24 nos avisaron del grupo varados de Italia, donde somos más de 700, que este miércoles desde Roma sale un avión para 130 personas, pero tiene prioridad la gente más vulnerable y lo deciden los consulados".

Lucas, precisó que "con mis compañeros tenemos días y días que tratamos de sobrellevar esta situación lo mejor posible, pero a veces caemos en la incertidumbre de no saber cuándo volvemos. Nos encantaría que nos den una fecha para tranquilizarnos y a nuestros seres queridos que nos esperan ansiosos".

De su lugar de estadía, Morbegno, el vecino lanusense dijo que °es un hermoso pueblo, se siente paz. Mi contrato terminó el 3 de abril, por ende los recursos empiezan a escasear".

Según sus datos, "a los vulnerables les estarían cobrando 1.800 euros para volver. La comunicación con mi familia es fluida por videos y llamadas, aunque no sea lo mismo cara a cara y es la única manera de estar lo más cerca posible. Me encantaría que nos dieran soluciones, no por estar en Italia quiere decir que estemos infectados, queremos volver a hacer lo que el gobierno pida -como hace 50 días los hacemos acá- en cuanto al encierro para cuidar y respetar al otro. No queremos sentir que estamos olvidados".

No se queja Moya de la experiencia de jugar al fútsal en el otro costado del mundo, tampoco de lo bien que estaba en ese destino, pero el virus hizo fuerte eclosión en Italia y la posible vuelta se complicó pese a tener fecha de regreso. Pero sin dudas, por este tiempo la incertidumbre lo embarga a veces y la esperanza como las gestiones son muchas. A Lucas, en Villa Barceló, Lanús Este, hay afectos que lo esperan.

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