Para este estudioso de la historia local, existen "tres momentos fundacionales" de Quilmes. Las dos primeras se refieren a las fechas mencionadas que se conmemoran hoy.
En tanto, una tercera fundación data de mitad de siglo XIX, cuando a pedido del juez de paz Martín de La Serna, el gobernador de Buenos Aires -Vicente López y Planes- decretó el 7 de abril de 1852 la división del extenso partido en dos: Barracas al Sur (hoy Avellaneda) y Quilmes, lo que deriva en que, por la ley que determinó la creación de las municipalidades, en 1856, por voto popular, don Tomás Flores ocupó el cargo de juez de paz y presidente de la Municipalidad, transformándose en el primer intendente de Quilmes.
"Al calor de la llegada de una inmigración calificada se comenzaron a crear las primeras instituciones del distrito, entre ellas el municipio. Para esa época se creó la Escuela N° 1, que el 25 de mayo del año que viene cumple sus 150 años de vida educativa. También surgieron las primeras sociedades mutuales, también se comienzan a radicar las primeras industrias, que van sustituyendo la producción agrícola ganadera que caracterizaba la región", afirmó Agnelli.
Son numerosos los aspectos que hacen de Quilmes un distrito diferente a todos los demás. En esa lista de "orgullos locales" se pueden nombrar la Ribera; los clubes Argentino de Quilmes y el Quilmes Atlético Club, dos instituciones deportivas con más antigüedad que River y Boca; los "Capitán del Espacio", el mejor alfajor del mundo para un quilmeño, y la Cervecería Quilmes, entre otros.
No obstante, Chalo destaca ciertas características que escapan al ojo del observador común: "Es muy difícil trazar una identidad común del residente quilmeño, ya que hay más de 600 mil habitantes, es grande la heterogeneidad. Sin embargo, uno de los aspectos que enaltece nuestra identidad es que somos el distrito del país con mayor bibliografía historiográfica, escritos que relatan una historia de 346 años, tradiciones, vida social, familias, personalidades y una cultura de más de 800 años, legado de nuestro pueblo originario, que nos dio toponimia y gentilicio. Eso nos permite conocernos, tener sentido de pertenencia y sabernos seguros de nuestra identidad. Por eso hay un poco de 'homonoia' (apego excesivo al lugar de origen) en nuestro discurso", señaló.