Hara Barraza, apodado como “el sacerdote del telescopio” por la gracia con la cual dominaba la astronomía, nació el 21 de marzo de 1913 y trabajó incansablemente para que esa ciencia fuera considerada como del primer mundo.
Si bien su intención era estudiar filosofía, a los 28 años se le presentó la oportunidad de trabajar como ayudante para la instalación de un observatorio astrofísico en Puebla que fue inaugurado en 1942.
El incipiente astrónomo continuó sus estudios en Estados Unidos, y logró obtener un puesto en el observatorio de Harvard. Su inteligencia fue reconocida por estudiosos de ese país y entonces México lo reclamó como un elemento esencial para el observatorio mexicano, y él aceptó volver. Su función fue la de operar la cámara Schmidt, con la cual se capta un amplio campo visual, que el gobierno adquirió especialmente para él.
En 1949, quedó a cargo del Observatorio Astronómico Nacional de Tacubaya y tuvo que dividir su trabajo entre ese observatorio y el de Puebla. Para 1951 fue director del observatorio en Tonantzintla.
En 1949 descubrió unos astros al mismo tiempo que el estadounidense George Herbig y por eso se nombraron a éstos objetos como los Herbig-Haro. Pero además, el mexicano descubrió más adelante muchas estrellas, novas y supernovas, como en 1956 cuando descubrió galaxias azules y las bautizaron con su nombre.
Su trabajo le ganó el reconocimiento Lomonosov de la Unión Soviética, un equivalente al Nobel de la astronomía.
Pensando en la astronomía indígena de México como la de los mayas, Haro se dio cuenta de la importancia que ésta tenía para su país y por eso la impulsó con la creación de nuevas ideas. Para ello, creó el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), apoyó a muchos jóvenes con becas para concluir sus estudios en el extranjero.
Falleció en 1988, ampliamente reconocido por sus compatriotas.