Las personas nos comunicamos con el mundo a través de ojos y oídos. El
olfato es un sentido casi “olvidado”. Pero la pérdida del olfato no sólo
impacta fuertemente en la calidad de vida de quien lo sufre, sino que
puede esconder más de 300 enfermedades.
Desde trastornos psicológicos hasta en algunos casos algo más serio. Como el Alzheimer que a la pérdida de olfato suma la pérdida del gusto.
La pérdida de este sentido es generalmente el resultado de la congestión nasal o bloqueo de la nariz y no es grave, pero en ocasiones puede ser un signo de un trastorno del sistema nervioso.
Es común que se presente la pérdida temporal del sentido del olfato con los resfríos comunes y las alergias nasales, como la fiebre del heno- rinitis alérgica- al igual que después de una enfermedad viral.
También algo de pérdida del olfato se presenta al envejecer. En la mayoría de los casos , no hay una causa obvia o inmediata y no hay un tratamiento.
A menudo se pierde el sentido del olfato con trastornos que impiden que el aire llegue hasta el área de la nariz donde se localizan los receptores olfativos. Dichos trastornos pueden abarcar pólipos nasales, deformidades del tabique nasal y tumores
Otros trastornos que pueden producir la pérdida del olfato abarcan:
Demencia senil
Trastornos del sistema endocrino.
Traumatismo craneal
Trastornos neurológicos
Trastornos nutricionales
Tumores cerebrales.
Muchos medicamentos pueden cambiar o disminuir la capacidad para detectar olores. El sentido del olfato también aumenta su capacidad para percibir sabores. Muchas personas que pierden el sentido del olfato también pierden el del gusto.
En algunos casos pueden diferenciar los sabores salados, dulces, agrio y amargo, los cuales se perciben en la lengua, pero es posible que no sean capaces de diferenciar otros sabores. Algunos condimentos, como la pimienta pueden afectar los nervios faciales y se pueden sentir más que olerlos en sí.
El gusto y el olfato
El sentido del gusto y el olfato trabajan conjuntamente para que se pueda reconocer y apreciar los sabores.
El centro del gusto y el olfato en el cerebro combinan la información sensorial de la lengua y la nariz.
Miles de pequeñas papilas gustativas cubren gran parte de la superficie de la lengua. Los procesos del olfato y del gusto son complejos. Estos empiezan cuando liberan moléculas por medio de sustancias que estimulan las células sensoriales en la nariz, la boca o la garganta.
Las células nerviosas olfativas son estimuladas por los olores. Estas células se encuentran en el tejido localizado en la parte superior e interna de la nariz y están conectadas directamente con el cerebro.
Las células nerviosas gustativas son estimuladas por el sabor de los alimentos y bebidas. Estas células están localizadas en las papillas gustativas de la boca y la garganta.
Las células sensoriales transmiten mensajes al cerebro a través de los nervios, donde se identifican olores y sabores específicos.
Otro proceso quimiosensorial, llamado sentido químico común, también contribuye al gusto y al olfato.
Estas células alertan al cerebro de sensaciones tales como el calor- como el de los pimientos.- o frío- como el mentol-
El funcionamiento normal del olfato y el gusto juega un papel vital en la nutrición así como en la selección de los alimentos, por ello es importante en el mantenimiento de una adecuada calidad de vida .
El olfato y el gusto están inter-relacionados muy cercanamente..
Una disminución de la función de un sentido, a menudo afecta la función del otro .
De hecho, las quejas de pérdida de gusto generalmente reflejan una disfunción olfativa más que gustativa. Las carencias en estos sentidos no solamente reducen el placer y gusto de los alimentos, sino también pueden llevar a envenenamiento por alimentos o a una sobre exposición a agentes dañinos ambientalmente que de otro modo podrían detectarse por el olfato y gusto.
Aromas de misterio
Hay olores que se perciben conscientemente como los perfumes. Pero hay perfumes inconscientes que llegan a la nariz sin que la persona lo note y que provocan cambios en la conducta.
2
por ciento de los argentinos sufre de anosmia, que es la falta total del olfato. Este es un síntoma que podría estar ocultando otras enfermedades, que van desde resfríos hasta la pérdida de sensaciones vinculadas con el placer.
¿Es posible?
El aroma de una comida o de un determinado perfume pueden evocar recuerdos con fuerza inusitada. Esa capacidad de conmocionar, de volver a vivir recuerdos, es superior en el olfato. Un sentido misterioso
Floral, frutal, resinoso, nauseabundo, a especias y a quemado, son categorías que componen el prisma de los olores, que Hans Henninga , investigador pionero del olfato y el gusto, propuso en 1885.
El interés por el asfalto, ese sentido que para la medicina es una asignatura pendiente, ha sido un misterio de descifrar también para botánicos y biólogos.
La sabiduría popular le atribuye cualidades que trascienden el terreno de lo sensorial. El idioma fue incorporando inadvertidamente algunos sugestivos sinónimos del “olfato”, como sagacidad, instinto , intuición.
Una persona que padece anosmia (la pérdida del olfato) no podrá saber cuando se produce un escape de gas. O cuando está frente a un alimento en mal estado, porque solo hay cuatro gustos: dulce, salado, agrio y amargo.
Todos los otros sabores son aromas que provee el olfato.
Si uno se tapa la nariz, el mundo de los alimentos quedará reducido a esos cuatro gustos. Y como dice la frase “ el mundo es un pañuelo”, porque si bien algunos animales detectan alrededor de 400 mil olores, los 10 mil que puede discriminar el hombre no son despreciables.
Las causas más comunes de la pérdida del olfato, son el envejecimiento y la rinitis alérgica..Si bien la mujer tiene más olfato que el hombre , a partir de los 30 años ambos pierden , en promedio, un 1 por ciento anual.
En cuanto a la rinitis, los especialistas señalan que las alergias producen una alteración de la mucosa nasal, que es la membrana que reviste el interior de las fosas nasales.
Más del 30 por ciento de los argentinos son alérgicos y un 20 por ciento de ellos padece de rinitis alérgica, tales como resfríos alérgicos crónicos que, después de años de evolución llevan a la pérdida del olfato, sino total, por lo menos en gran medida.
Así el paciente disminuye notablemente su calidad de vida. Los especialistas en olfato, que en nuestro país no abundan, insisten en que la perdida del olfato puede ser el aviso de un problema local, otorrinolaringológico por ejemplo, o bien la causa de algo más.
Hay que tratar la enfermedad, frente a alguna alteración del sentido del olfato.
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