Ser cuidadosos es la clave para enfrentar las exigencias del verano, ya sea sobre hidratación o cuidados estéticos. Asumir que beber líquidos, fundamentalmente agua, constituye el mejor antídoto a problemas mayores. Aquí, muchos consejos.
Durante el verano es fundamental prestar atención a estar hidratados. Para mantener una buena hidratación, los pasos a seguir son bastante sencillos y no requieren más esfuerzo que el compromiso de querer mantenerse sanos. Lo primero es no olvidarse del hábito de beber y refrescarse, tomar agua y consumir alimentos con gran proporción de agua, como las frutas, para mantenerse saludable.

Según el doctor Adrián Jaime (MN: 115.974), además de las necesidades del organismo en tiempos de calor, existen otros beneficios muy importantes respecto de la hidratación. Aquí los más importantes para comprender por qué repercuten favorablemente en nosotros.

Quienes saben hidratarse tienen menos riesgo de ser víctimas de problemas mayores como la producción de cálculos renales.

La función de los riñones mejora produciendo más cantidad de orina y más clara.

Los riñones limpian mejor la sangre de sustancias de desecho y las eliminan con mayor facilidad. Al orinar eliminamos agua y toxinas.

Las heces se expulsan con menor esfuerzo, al estar menos secas. Así, también se evita el tan indeseable estreñimiento.

El organismo regula la cantidad de agua existente, y cuenta con dos mecanismos fundamentales para avisarnos que le hace falta agua.

La sed, que conduce a beber agua, nos marca un camino.

El mecanismo de concentración de la orina por parte del riñón, que ocasiona que la orina sea menos abundante y más concentrada, es decir, más fuerte en olor y color. En las personas mayores, el centro que regula el mecanismo de la sed deja de ser tan efectivo como antes, por lo que es necesario recordar en esa etapa de la vida: "No te olvides de tomar líquido, aunque no sientas sed".

¿Cuánta agua necesitamos?

Generalmente las necesidades hídricas se determinan en relación con las calorías ingeridas, necesitándose alrededor de 1 mililitro de agua por caloría consumida. De tales necesidades, menos de la mitad es aportada por los alimentos, el resto debe ser ingerida en forma de líquidos. Hay algunos alimentos que poseen mayor proporción de agua que otros, como las frutas y las verduras.

Entonces, tomando como ejemplo una persona que consume 2.500 calorías diarias, su necesidad de agua sería 2.500 mililitros (2,5 litros), de los cuales cerca de 1 litro la proporcionan los alimentos, 0,3 litro la obtiene el organismo a partir de procesos metabólicos y 1,2 litro debe ingerirse en forma de líquidos. Estas necesidades hídricas aumentan cuando se realiza ejercicio físico y en condiciones meteorológicas de calor, alta humedad y/o viento.

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