Por décadas, encarar las evaluaciones de fin de año se convirtió en un verdadero sufrimiento. Trabajar la ansiedad, elaborar estrategias y buscar diferentes formas que impidan la evolución de algunas fobias incidirían favorablemente para llegar a las pruebas de la mejor manera.

Fin de año, cierra el ciclo lectivo y se vienen los exámenes. Tal vez sin saberlo, muchos alumnos “sufren” de manera desproporcionada esta situación que les impide avanzar en sus carreras. Por eso, es importante tener las herramientas necesarias para tratar este problema que sufren algunas personas en este período del año en que los alumnos deberán enfrentarse a la tan temida mesa examinadora.

Esta realidad, no diagnosticada a tiempo, puede desencadenar en una situación incapacitante que obligue al abandono de los estudios y deja truncas varias carreras y aspiraciones profesionales. Pero es un problema que tiene solución y desde el Centro de Estudios Especializado en Trastornos de Ansiedad (CEETA) ofrecen algunos consejos importantes.

Es bueno comenzar a prepararse para enfrentar esa instancia decisiva en la vida de cualquier ser humano. Los estudiantes ven que los tiempos se acortan, el nerviosismo crece y, por lo tanto, la ansiedad aumenta.

“Esta situación es histórica y se ha vivido por generaciones. Pero, si al clásico nerviosismo y mente en blanco, se le suman temblores, aceleración de la tasa cardíaca y respiratoria, náuseas y vómitos se convierten en factores que indican la presencia de un cuadro de fobia” destacan desde el CEETA.

“Si estos síntomas se manifiestan frente a una situación de examen, en muchos de los casos termina provocando que el alumno directamente no se presente a rendir la evaluación y abandone su proceso de capacitación”, explican.

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La Licenciada Gabriela Martínez Castro, directora del Centro de Estudios Especializado en Trastornos de Ansiedad (CEETA), señaló al respecto que “este cuadro, también llamado Ansiedad Social Discreta, se caracteriza por incapacitar cada vez más la vida académica de quienes lo padecen, llegando en el peor de los casos a que la persona abandone sus estudios por temor a la evaluación negativa, desaprobación o a hacer el ridículo, a pesar de haber estudiado lo suficiente”.

Por lo general no se llega a la consulta con un especialista, sino que se lo obliga a intensificar las clases particulares, entre otros paliativos. Por este motivo es importante que los padres detecten el problema y lo traten adecuadamente con un especialista en trastornos de ansiedad.

Quienes padecen esta fobia tienen características comunes: altas exigencias con respecto a sus estándares personales, perfeccionismo, preocupación desmedida por los errores y gran vulnerabilidad a las críticas de los demás.

El origen de dicha fobia, contó la Directora del CEETA, “puede basarse en tres causas diferentes, las cuales se relacionan con la genética, la herencia familiar; con los factores socio ambientales, al haber crecido rodeado de personas temerosas, sobreprotectoras, tímidas y altamente exigentes; o por presenciar o haber presenciado situaciones desencadenantes, como haber pasado el ridículo o haber sido rechazado o desaprobado en forma traumática para el individuo”.

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