“Cuando el dolor de espalda se instala, ya es tarde. Es una consecuencia, producto de sostener una mala postura durante un tiempo. Lo ideal es no llegar a sentir dolor, prestar atención a las situaciones en las que forzamos al cuerpo al adoptar posiciones viciosas o cuando lo sobreexigimos con esfuerzos que no está preparado para afrontar”, explicó la licenciada Nilda Zárate, de la División Kinesiología del Hospital de Clínicas. Zárate remarcó que la columna vertebral es el eje del esqueleto y tiene dos curvaturas importantes: la cervical y la dorsal.
“Ambas zonas se lesionan con facilidad, porque son las zonas con mayor movimiento. Actúan como bisagras para brindar movilidad al cuello y la zona pélvica”, puntualiza.
Por tal motivo, la especialista destacó una serie de “tips” para aplicar en la vida cotidiana que pueden servir para identificar malas posturas recurrentes: .
-En casa: “Si vamos a estar mucho parados, cocinando o planchando quizás, lo ideal es tener un pie levantado. Usar un apoyo (libros, las viejas guías de teléfono o una pequeña tarima) para apoyar el pie, flexionando un poco la rodilla. Eso evita la curvatura a nivel de la columna. Para barrer hay que tener cuidado con encorvarse. Para evitarlo, es conveniente usar escobas o escobillones cuyo mango quede a la altura del esternón, como mínimo. Sostenerlo con ambas manos, en una forma cómoda, sin que la espalda se curve o los hombros se eleven”, indicó.
La kinesióloga recomendó “nunca correr cosas pesadas con los pies y menos aún cruzar un pie sobre otro para empujar algo que esté en el piso. La forma correcta de levantar un peso es flexionar las rodillas, levantar el objeto y llevarlo cerca del cuerpo, luego levantarlo y trasladarlo”.
“Lo mismo al girar con algo pesado en los brazos. Primero levantarlo de la forma anterior, acercándolo al cuerpo y luego rotar todo el cuerpo, con los pies de frente a donde tengas que dejar el peso”, añadió. .
-En la oficina: “En ambientes laborales es frecuente pasar mucho tiempo sentado, frente a la computadora. En principio, hay que tener una buena silla y en este caso no implica gastar dinero en costosos muebles diseñados, sino contar con una silla cómoda y con buen respaldo, que pase el medio de la espalda”, manifestó.
Zárate dijo que “para evitar la lumbalgia, hay que sentarse con la espalda derecha y la cola bien apoyada en la base del respaldo, manteniendo una postura erguida. El asiento no debe ser demasiado largo, no debe tocar el pliego detrás de las rodillas”.
“Los pies deben quedar bien apoyados en el suelo, no colgando. Si por la altura necesaria no llegamos a bajar los pies al suelo, hay que buscar un apoyo: una tarima, otra vez las guías de teléfono o los libros. Cuando los pies no llegan al piso, también es efectivo cruzar una pierna sobre otra, por turnos, de a ratos”, comentó.
La especialista puso de relieve la importancia de tener en cuenta “la distancia entre el escritorio y la silla, que tiene que ser regulada y permitir que trabajemos cómodos sin extender demasiado los brazos, manteniéndolos semiflexionados”. “Para ello, podemos ayudarnos con un almohadón en la base del respaldo de la silla, para no adelantar la cola hasta el borde. Además, el monitor de la computadora tiene que estar paralelo a la vista, no abajo ni arriba, porque eso nos obliga a flexionar el cuello y por eso nos contracturamos”, agregó. Zárate comentó que “lo importante es no tener la espalda encorvada o lejos del respaldo de la silla, los brazos extendidos, o el peso mal repartido” ya que “estas posturas viciosas, muchas veces involuntarias, se sostienen durante las largas jornadas laborales y terminan causando problemas a las personas”.