La hepatitis es una de las enfermedades más temidas, por eso es importante saber identificar señales de alarma y la concreción de un tratamiento eficaz para una recuperación más rápida. Tomar ciertos recaudos es clave para evitar riesgos.

Dentro del universo de enfermedades a las que las personas nos enfrentamos en todas las etapas de la vida, la hepatitis es una de las más temidas, sin embargo, existen acciones que nos ayudan a prevenirla.

La hepatitis es la inflamación del hígado, encargado de procesar los nutrientes y ejercer una función desintoxicante. Por eso, cuando este órgano vital se daña o inflama, su aporte al organismo puede verse afectado. Algunas de las causas que producen la enfermedad son: células inmunitarias en el cuerpo que atacan el hígado, infecciones por virus (como las hepatitis A, B o C), daño hepático por alcohol o tóxicos (venenos), y ciertos medicamentos.

Aunque esta patología puede comenzar y mejorar velozmente, como la hepatitis A, por ejemplo, que generalmente es de corta duración y no conduce a problemas hepáticos crónicos, también existe la posibilidad de que se convierta en una enfermedad prolongada y, en casos puntuales, genere daño hepático, insuficiencia hepática o incluso cáncer de hígado.

Además, dado que la mayoría de las veces la hepatitis no se manifiesta a través de síntomas claros y por ende pasa inadvertida, pudiendo diagnosticarla únicamente mediante un análisis de sangre, es fundamental tener en cuenta los signos de alerta. Éstos son: dolor o distensión abdominal, orina turbia oscura y deposiciones de color arcilla o pálidas, fatiga y cansancio, febrícula, picazón, ictericia (coloración amarillenta de la piel o los ojos), inapetencia, náuseas y vómitos y pérdida de peso.

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Ante una posible infección de hepatitis B-C, una persona debe evaluar hacerse el análisis de sangre correspondiente si está o estuvo expuesta a alguna de estas circunstancias: haber tenido relaciones sexuales sin preservativo, vivir con alguna persona que tiene hepatitis B o C, dado que es más frecuente o probable compartir objetos cortopunzantes; tener o haber tenido una infección de transmisión sexual, haberse realizado hemodiálisis, haber compartido elementos en el consumo de drogas inyectables e inhalatorias, haber recibido donación de sangre u órganos antes de 1994, o tener VIH, para evaluar una posible coinfección.

En el caso de la hepatitis A y B, existen vacunas para prevenirlas que forman parte del Calendario Nacional de Vacunación, mientras que no hay vacuna contra la hepatitis C. Frente a esta realidad, además de la aplicación de las dosis indicadas en el esquema sanitario vigente, el Dr. Silvio Luis Aguilera, Director Médico de Vittal, explica qué cuestiones contribuyen a prevenir la enfermedad y su propagación:

La hepatitis B no se transmite por medio del agua o la comida, ni tampoco por estornudar, abrazar, toser. En este caso y en el de la hepatitis C, lo que hay que tener en cuenta es:

  • Evitar compartir artículos personales tales como cuchillas de afeitar o cepillos de dientes.
  • No compartir agujas para inyectarse drogas u otros equipos para drogas (como pajillas para inhalarlas).
  • Limpiar los derrames de sangre con una solución que contenga 1 parte de lavandina por 9 partes de agua.
  • No hacerse tatuajes ni perforaciones (piercing) en el cuerpo con instrumentos que no sean descartables o esterilizados.
  • Usar preservativo.
  • En el caso la hepatitis A, para evitar el contagio hay que seguir las siguientes recomendaciones:
  • Evitar los alimentos y el agua que no estén limpios.
  • En caso de estar en contacto con alguien infectado, lavarse bien las manos después de usar el baño y cuando entre en contacto con la sangre, las heces u otros fluidos corporales de la persona.