Doña María llegó hace ocho décadas al país desde Italia y hoy está en un hogar de ancianas. Recibe fotos de los niños beneficiarios de las prendas. Los primeros trabajos fueron para la fundación PUPI.
La abuela María Trípodi de Mancuso con sus flamantes 90 años y con ovillos de lana que le regalan, teje gorros, bufandas y otras prendas que luego son entregadas a chicos carecientes de distintas localidades. Si bien nació en Sinópoli, Reggio Calabria, en 1921, a los nueve años llegó a la Argentina donde se casó y tuvo una hija, Vilma. Aunque no tiene nietos, la tarea solidaria que realiza desde hace tiempo la convirtió en la “abuela de corazón” de muchos chicos que le demuestran su cariño enviándole fotos. Varios de Villa Fiorito, Lomas de Zamora, prometieron visitarla en el hogar de ancianas ubicado en Joaquín V. González al 2700, Lanús Oeste, donde se encuentra desde hace un tiempo. Como tantos otros inmigrantes en nuestro país, apenas llegada, tuvo que trabajar para ayudar sus padres y por ese motivo no pudo estudiar. Aprendió a coser pantalones y se empleó en la sastrería “Cervantes” donde trabajó hasta los 38 años, según detalló su hija. “Ella era una de las mejores pantaloneras y los artistas de entonces pedían ser atendidos por María”, comentó Vilma al recordar ese pasaje de la vida de su progenitora. Aunque en ese empleo había cesado, la costura siempre estuvo ligada a la actividad, pero de un modo distinto. Sus vecinos llegaban a su domicilio a pedirle que le arreglara alguna ropa, tarea que realizaba sin cobrarles. Sin embargo, al enviudar hace 22 años, sufrir una fractura de cadera hace un tiempo y una neumonía que la tuvo al borde de la muerte, su vida no fue la misma.
Estar ocupada Por esos golpes de la vida, la depresión se adueñó de la abuela, aunque con el apoyo de su hija y algunos medicamentos, fue saliendo. Desde entonces, ella quiere estar ocupada encontrando en el tejido un entretenimiento y el modo de ayudar a otros, al igual que lo hiciera con sus vecinos cuando le pedían arreglar algunas prendas. “Cuando estoy sin hacer nada, me trabaja la cabeza”, confesó María sin dejar de tejer. Su lugar preferido para realizar esa tarea es un sillón ubicado junto a un enorme ventanal que da a la calle González. Allí pasa horas y además es saludada por los vecinos que pasan por el lugar. Luego de tejer para la fundación Por un Piberío Integrado, ahora lo hace para la Organización no Gubernamental “Cadena de Favores”, que distribuye ayuda solidaria en las distintas provincias y también en el conurbano bonaerense.