Lanús volvió a tocar el cielo con las manos, otra vez ante uno de los grandes de la Argentina, otra vez con una categoría incuestionable. Acosta y Sand son sus ídolos, pero en su detrás de los goles hay un modelo a imitar por todos.

Para cuando José Sand marcó desde los doce pasos el definitivo 3 a 0 que puso de rodillas a un River que nunca reaccionó, el partido ya estaba definido. Lanús se presentó a la cita, como ante San Lorenzo, como esos equipos que una vez que dan un paso al frente, es casi imposible que retroceda. Así lo hizo en la cancha, pero también lo hace en las oficinas, en el fútbol amateur y en la forma de llevar adelante su idea de juego.

La gente cantaba sin parar mientras veía los últimos toques del equipo, que se floreaba de izquierda a derecha, desde afuera hacia adentro. Todo era repetido: el equipo jugaba como jugó ante San Lorenzo, tocaba como tocó ante Racing e iba para adelante con la misma intensidad con la tomó el partido cuando la Supercopa Argentina aún tenía el tanteador el cero.

El aplauso final y la promesa de Acosta de “vamos por más” frente a la hincha no hace más que ratificar un camino que adentro de la cancha expresa lo que ocurre a nivel institucional.

El ídolo que renació en su casa

“Sigo seis meses más. Después vemos si todavía me quieren ver”, aseguró Sand al finalizar el juego. Es el mismo Sand que había marcado sólo dos goles en Racing, uno en Tigre y ninguno en Argentinos Juniors. Que con nueve goles en Aldosivi pidió volver y que en apenas seis partidos igualó toda su marca anterior. Y volvió a salir campeón en la que es su lugar en el mundo.

Junto a Acosta, tal vez la bandera que define por excelencia la forma de ver el fútbol de Lanús, volvieron a bordar otra estrella en el pecho granate. ¿Pero quién se la hubiera jugado por el nueve correntino antes de su catarata de goles? ¿Y por Jorge Almirón, que se había alejado de Independiente por la puerta de atrás? Ahí es donde radica el verdadero valor de la “filosofía Lanús”. No rompe el mercado de pases en los recesos, busca proyectos de jugadores, sabe donde aún hay tela para cortar, sabe cómo hacer valer lo suyo.

Sus hinchas gritan sin parar, saltan en la tribuna del Único de La Plata, donde nuevamente ven a sus jugadores franquicia levantar una copa. Del otro lado, el marketing de los equipos grandes vuelve a hacer agua frente a un proyecto que es ejemplo. Napoleón tenía preparado a su gran ejército. Pero fue Waterloo.

Aparecen en esta nota: