Avellaneda cumplió 159 años y con ello se sumaron varios recuerdos de antiguos y vigentes vecinos del distrito que hicieron una semblanza de la evolución de la ciudad, sus industrias, sus costumbres y sus deportistas. Este fue el caso del escritor, poeta y traductor de inglés Roberto Díaz, reconocido a nivel internacional por sus obras y mentor de diferentes charlas en la ciudad sobre cultura, quien estuvo de visita en este medio, y repasó diversos cambios y modificaciones que ha tenido Avellaneda en 159 años, reconociendo lo que llamó “la magia” del distrito. Si bien Díaz ha recorrido varios países de Europa, dejó en claro que Avellaneda es su lugar en el mundo, ya que allí están sus raíces, su familia creció y se desarrolló y forjó su carrera como escritor. “Uno de mis hijos vive en Zona Oeste y cada vez que lo voy a visitar lo disfruto, pero enseguida quiero volver a Avellaneda porque es mi lugar en el mundo, porque me he mudado un montón de veces de vivienda pero jamás salí del partido. Ahora vivo en Wilde y la magia que tiene mi barrio no la tiene cualquier ciudad del mundo”, señaló el escritor. “Toda mi vida la pasé acá. He visto a todos los equipos de fútbol campeones, crecer al Teatro Roma, que trajo las compañías musicales y teatrales más importantes del mundo y he visto a grandes artistas desarrollarse. Ni hablar del crecimiento industrial, y el de los centros de salud, que crecieron en los años 50 y se han convertido en potencias donde todo el mundo venía a curarse”, indicó el escritor. Industria fabril “Hace poco hicimos un libro con Patricia Clavijo con toda la historia de la industria fabril junto a la UIA y todo tipo de empresas que se han instalado en Avellaneda desde sus comienzos. Antes de que recibiera esta denominación, el distrito era Barracas al Sur, a principios del siglo XX y con los años fue creciendo, las calles eran de tierra. Cuando finalmente lo denominaron Nicolás Avellaneda, se instalaron varias industrias, sobre todo la de las velas y los fósforos porque no había electricidad. Me acuerdo en la década del 30 y del 40, cuando yo era muy chico, lo ancha que era la avenida Mitre, ya que nací en Crucesita y cuando pasaban los vendedores lo hacían a caballo, con unos carruajes hermosos, y los cotejos fúnebres eran una larga procesión, larguísimas colas con los carruajes todos negros y los caballos lujosos que traían”, rememoró Díaz. Díaz también se refirió a los cambios de hábito en la ciudad. “Debido al crecimiento demográfico, se fueron formando los polos industriales y muchas fábricas cerraron, son unas pocas las que sobrevivieron. Los almacenes del barrio tenían heladeras de madera y los chicos teníamos que ir a buscar el hielo que lo cortaban en un local cercano y se hacían colas de dos cuadras. Mi abuelo tuvo despensa en Alsina al 200 y el barrio se revolucionó cuando en los años 60 compró su primera heladera frigorífico. Todos la venían a ver”. Y agregó: “en mi barrio, antes de que me mudara a Wilde, nos venía a ver el médico de la cuadra cuando nos pasaba algo y no nos cobraron un peso”.