El atletismo argentino tiene una leyenda viva en actividad, no como fondista, sino en el rol de entrenador en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD) para inculcarle la disciplina de trabajo y progreso en sus marcas a diferentes generaciones de deportistas. Se trata del exitoso wildense Osvaldo Suárez, quien a los 77 años tiene un estado físico envidiable para alguien de su edad, y mantiene la energía intacta de un joven cercano a las ocho décadas. Con más de 19 records sudamericanos, 12 veces campeón sudamericano, cuatro medallas de Oro en Juegos Panamericanos en 5.000 y 10.000 metros, tres títulos de campeón en la mítica carrera San Silvestre, y diploma Olímpico en Roma 1960, entre otros logros a nivel nacional, panamericano y sudamericano, llegó a tener el segundo record mundial en pruebas de fondo detrás de la locomotora humana Emil Zatopek. En diálogo con este medio, Suárez contó que reparte sus días preparando a atletas sureños como Maria Belén Apicella y Jonathan Olmeda en los 100 y 200 metros para competir en los torneos nacionales y con vistas a los Odesur 2014 y Panamericanos de 2015, además de otros deportistas de diversos puntos de la argentina. Actualmente son más de 40 los chicos que se preparan con él en el CENARD para tener la fórmula del éxito que supo administrar Suárez durante los 50 y 60, al punto de que por la ignorancia de ciertos gobernantes quedó afuera de los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, a pocas horas de partir rumbo a Australia. “Realmente estoy muy feliz de estar acá en CENARD enseñándoles a estos chicos que gracias a Dios, tienen toda la contención y herramientas para entrenar y ser los grandes deportistas del futuro. Mi llegada aquí como profesor al CENARD se produjo en la época en que Hugo Porta era Secretario de Deportes de la Nación y por aquellos tiempos yo iba a dar charlas al interior del país con entrenadores de basquet, patinadoras como Nora Vega, tenistas retirados y a Porta le interesó la manera en la cual le llegaba yo a los jóvenes. Sin embargo, mi efectividad llegó en las épocas en que Roberto Perfumo, que es muy amigo mío, y me recomendó en sus épocas de Secretario de Deportes, hasta que renunció y tras ello se fue Iris Fernández, la ex sub secretaria.” En la misma dirección, prosiguió y dijo: En ese momento quise renunciar pero ella trató de convencerme, hice un comunicado donde expliqué mi situación y el nuevo Secretario, Claudio Morresi no aceptó mi renuncia, me convenció para que siguiera fomentando la escuelita. Al año siguiente le pusieron mi nombre a la pista nueva y para mi fue una sorpresa y un gran orgullo que me hayan homenajeado de esa forma”. Asimismo, Suárez evaluó el estado del atletismo argentino, muy decaído en los últimos años y con falta de éxitos, y que ni siquiera se asemeja a los años ´40, ´50 y ´60 donde las medallas olímpicas de Delfo Cabrera, Noemí Simonetto, Reinaldo Gorno, y más atrás en el tiempo, en 1932 con el oro de Juan Carlos Zabala, reinaron en la belle epoque del pedestrismo nacional a nivel Juegos Olímpicos. “Creo que el problema no solo es el apoyo que tenga el deportista, sino el programa competitivo que se plantea antes de una Juego Panamericano o una Olimpíada el atleta, y hoy generalmente los pibes quieren correr todas las competencias durante el Ciclo Olímpico y llegan a los Juegos muy cansados”. El veterano ex campeón confió además: “Si no se comprometieran en tantas carreras legarían más aliviados y con el programa justo, pero no entienden algunos y las quieren hacer todas, y así nos va”, consideró Suárez, eminencia a nivel Panamericano y Sudamericano, cuyas marcas siguen siendo imbatibles para los argentinos, ya que ningún compatriota pudo bajar los tiempos logrados por el actual entrenador.