Empataron en el Gallardón y ninguno de los dos le puso pimienta a un encuentro histórico del Sur bonaerense. Si bien la visita dominó gran parte del encuentro, el local pudo ganarlo en el final.
Con sabor a nada, el clásico entre Los Andes y Temperley solamente sirvió para sostener las estadísticas entre los dos equipos. El punto que se llevó cada uno alimentó poco y nada los promedios y no los movió de la tabla de posiciones en la recta final del torneo. La luz, que amagó con dejar a oscuras el partido en dos oportunidades, fue la protagonista de la noche.

De movida Temperley se hizo dueño del partido, tanto en las situaciones como en la capacidad para manejar el partido y tener la pelota, casi sin interrupción. Tanto fue así, que el local fue sometido durante 35 minutos y a los 40 generó la primera jugada de riesgo con un centro desde la izquierda que cabeceó Visconti muy arriba.

El Cele tuvo más llegadas y generó algo más de riesgo, con un remate dentro del área de Luis López, cuando los minutos recién habían comenzado a correr, que fue un tirito a las manos del arquero. Miramontes, Pansardi y Jorge González tuvieron sus chances, pero no alcanzaron para desnivelar el marcador.

Los Andes no pudo, salvo algunas asociaciones entre Belforte con Barale como cómplice desbordando por su sector, demostrar ante su gente que es capaz de hacer tres pases seguidos. En silencio, el Celeste propuso lo contrario. En silencio porque fue un clásico sin público vistante, que resulta como si a un brebaje de agua caliente lo quieran llamar sopa. El color del clásico fue virtual, porque en la cancha de Temperley, los hinchas vibraron con las situaciones que les ofrecía en tiempo real una pantalla gigante.

El segundo tiempo encontró con otra impronta al local, que salió a recuperar el terreno perdido en la primera parte. Siguió sin inquietar a Crivelli, pero por lo menos le conoció la cara. El Celeste tardó 10 minutos en emparejar el encuentro desde entonces fue un ida y vuelta inédito para esta edición del clásico. Los dos con las mismas falencias, porque llegaban sin pinchar. Por impericia o mala suerte, pero las situaciones más claras fueron desaprovechadas por ambos: Los Andes por apelar al remate constante por no poder hacer pie en el área y su rival por tirarle centros a la nada.

Tan insípido fue el asunto, que el condimento lo puso el cambio de arqueros, porque Luciano Díaz se torció el tobillo y lo reemplazó el suplente que solo había jugado por copa Argentina. Los Andes se agotó en un tiro de Visconti que Crivelli sacó al córner y en un mano a mano que Cereseto perdió ante el arquero antes del descuento. Temperley se repitió tiritos sin fundamentos y se quedó sin Ferreira antes del pitazo final, por doble amarilla.