Los teléfonos celulares con 4GB de memoria RAM son terminales baratos que a la larga no son una buena opción si lo usas para algo más que sacar fotos y escribir por WhatsApp.
Comprar un celular con 4 GB de RAM en 2026 no es una decisión estratégica si se busca fluidez y durabilidad. Aunque la capacidad puede resultar suficiente para tareas básicas, las exigencias actuales del sistema operativo y de las aplicaciones hacen que la experiencia se degrade con mayor rapidez que en equipos con 6 u 8 GB.
El escenario podría profundizarse por un factor externo: la escasez y el encarecimiento de la memoria RAM a nivel global. Según análisis de la firma especializada "TrendForce", los fabricantes evalúan reducir la memoria en los modelos más económicos para sostener márgenes y evitar subas de precios, lo que implicaría un retroceso en las configuraciones estándar de la gama baja.
Recordemos que un celular de 4GB suele ser de la “gama baja”, por no decir el terminal más barato que suelen ofrecer las marcas de telefonía para el consumidor. Generalmente tienen una cámara básica y poco almacenamiento que termina llenándose en poco tiempo. Además de tener poca vida útil, puesto a que en menos de dos años ya será lento y se vuelve frustrante usarlo.
En la práctica, 4 GB resultan ajustados para el uso cotidiano en 2026. Aplicaciones como mensajería, redes sociales y navegadores permanecen activas en segundo plano y consumen una parte significativa de la memoria disponible. Cuando el margen es reducido, el sistema debe cerrar procesos de manera constante, lo que genera recargas frecuentes y demoras al alternar entre apps.
Además, el propio sistema operativo, como Android, ocupa una porción considerable de la RAM apenas se enciende el equipo. Con varias aplicaciones abiertas pueden aparecer trabas, lentitud al iniciar la cámara o pequeños cortes en la navegación. El problema se acentúa con el paso del tiempo, ya que las actualizaciones incrementan los requisitos técnicos y aceleran la obsolescencia.
Si bien para un uso básico (llamadas, mensajería y navegación ocasional) puede resultar aceptable, la configuración limita la multitarea, el rendimiento en juegos y la capacidad de sostener varias aplicaciones activas sin comprometer la estabilidad general.
El encarecimiento de la memoria altera la estructura de costos de los teléfonos inteligentes. Al aumentar el peso del componente en la lista de materiales, las marcas enfrentan la disyuntiva de trasladar la suba al precio final o ajustar especificaciones. En la gama baja, la tendencia apunta a reducir memoria y almacenamiento para mantener valores competitivos.
De confirmarse las proyecciones, 2026 podría marcar el regreso de configuraciones de 4 GB de RAM y 64 GB de almacenamiento como referencia en equipos económicos, sin que ello implique necesariamente una rebaja en el precio. El movimiento contrasta con los avances en inteligencia artificial y procesamiento que promueve la industria, y podría generar una brecha mayor entre dispositivos de entrada y modelos intermedios o premium.
En este contexto, optar por 6 u 8 GB de RAM aparece como una inversión en rendimiento sostenido y mayor vida útil. Aunque no todos los usuarios requieren configuraciones avanzadas, la memoria se consolida como uno de los factores determinantes en la experiencia diaria y en la capacidad de un equipo para mantenerse vigente durante varios años.