La erupción, registrada por la NASA el 4 de julio, alteró la atmósfera terrestre y generó interrupciones temporales en las comunicaciones de radio y los sistemas de navegación.

Una potente llamarada solar registrada esta semana provocó interferencias en las comunicaciones de radio, fallas temporales en servicios de GPS y alteraciones en sistemas tecnológicos de distintas regiones del planeta. El fenómeno fue detectado por el Observatorio de Dinámica Solar de la NASA y alcanzó su máxima intensidad el 4 de julio.

La erupción se originó en la región activa AR4482, ubicada cerca del extremo sudeste del disco solar desde la perspectiva de la Tierra. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el evento provocó un apagón de radio de nivel R3, una categoría que describe interrupciones fuertes en las comunicaciones de alta frecuencia.

Las llamaradas solares son liberaciones repentinas de energía que se producen en zonas donde los campos magnéticos del Sol acumulan una gran tensión. Los episodios más intensos pueden afectar señales de radio, sistemas de navegación, satélites, redes eléctricas y diversas operaciones espaciales.

De acuerdo con los organismos especializados, fenómenos de esta magnitud pueden generar cortes amplios en las redes de alta frecuencia y pérdidas de contacto de aproximadamente una hora en las áreas más expuestas. También pueden degradar temporalmente las señales utilizadas por sistemas marítimos y aeronáuticos.

El impacto de una llamarada solar sobre la Tierra ocurre casi de manera inmediata. Los rayos X y la radiación ultravioleta extrema viajan a la velocidad de la luz y tardan apenas ocho minutos en recorrer la distancia entre el Sol y el planeta.

En este caso, la radiación modificó las capas superiores de la atmósfera terrestre y produjo fallas en las comunicaciones en el hemisferio iluminado. Además, se registraron interrupciones breves en servicios de GPS y televisión satelital, que posteriormente recuperaron su funcionamiento habitual.

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Pese a la magnitud del evento, la clasificación R3 no implica un peligro directo para las personas que permanecen en la superficie terrestre. La atmósfera y el campo magnético del planeta actúan como barreras naturales frente a gran parte de la radiación emitida por el Sol.

Los riesgos más importantes recaen sobre los astronautas, los satélites y las aeronaves que atraviesan regiones polares, además de los sistemas tecnológicos que dependen de comunicaciones y señales de navegación precisas para operar con normalidad.

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