En esta villa turística, con marcado estilo mediterráneo, se puede disfrutar todo el año de una zona rionegrina que recién ahora está comenzando a imponerse con fuerza y que fue la elegida por Manu Ginóbili para su emprendimiento turístico.
Ubicada en la zona atlántica de la provincia de Río Negro y acariciada por las azules aguas del Golfo San Matías, descansa Las Grutas. Nacida hace varias décadas, la villa ha tenido desde fines de los años ‘80 un constante desarrollo, erigiéndose en el más importante y atractivo balneario de la Patagonia. Un lugar en el que, además, puede verse el amanecer y ocultarse el sol en el mar desde la misma playa.
La mayoría de los turistas que la visitan confirman que la transparencia de sus aguas, con temperaturas más que agradables, y un clima seco, los caprichosos acantilados con grutas talladas por las olas, las doradas playas de finas arenas y suave declive, sumadas al ambiente familiar, tranquilo y seguro que la caracteriza, son motivo suficiente para disfrutar a pleno de unas buenas vacaciones. Y los restaurantes y paseos ubicados al borde del abismo sorprenden.
Naturaleza al alcance de las manos, aventura, vida al aire libre y observación de aves migratorias, convierten a Las Grutas en algo muy especial para vivirlo. Buceo, pesca náutica, excursiones o simple relax en el aire más puro, son sólo algunas de las actividades recreativas que pueden desarrollarse. Espejismos, cielos de color rosado o el paso de los mamíferos marinos pueden sorprender al viajero en cada atardecer.
La noche transcurre joven y atractiva en confiterías, discotecas, entretenimientos y un moderno casino que permanece abierto durante todo el año para probar la suerte. Alternancias de aventuras con descanso, sol, playa y diversión nocturna es lo que ofrece Las Grutas en cualquier momento. Un lugar nuevo, cálido, natural y paradisíaco para descubrir a cada minuto.
En esta villa turística se puede disfrutar también de un paseo por la Feria de los Artesanos, de la gastronomía artesanal en pescados y mariscos, de los vinos finos de la zona fría rionegrina o de los espectáculos artísticos asociados a la Fiesta Nacional del Golfo Azul, que se celebra en el mes de febrero.
Las aguas no frías y apacibles y las seguras playas, que en dos horarios del día se multiplican pues al existir dos mareas diarias que suben y bajan el nivel del mar en 8 metros, ofrecen al turista un espectáculo natural inigualable, están respaldadas por acantilados, hacen de este lugar un sitio óptimo para la realización de actividades náuticas tales como windsurf, jet-sky, esquí acuático, buceo, etc., como así también deportes playeros, entretenimientos y juegos programados.
Los seguidores de la pesca tampoco van a dejar de disfrutar. La temporada oscila según el pique, y las especies más características son: róbalos, sargos, lenguados, anchoas, salmones, pejerreyes, meros y pescadillas. Para los amantes del buceo, la calidad del agua hace que predomine una fauna única, sorprendente por su cantidad y tamaño, como lo confiadas que se muestran las especies ante los extraños.