Pingüinos, cormoranes, gaviotas y lobos marinos crecen al Norte de la costa de Santa Cruz, mérito a que su lugar es preservado de intrusos y de los cambios que significan el desarrollo social. Así y todo, aquellos que desean aventurarse a sus encantos y costumbres pueden “espiarlos” a través de una expedición inigualable.

Unos 3.000 pingüinos de penacho amarillo pueblan la rocosa y empinada costa sur de Isla Pingüino, donde empollan sus huevos y son el principal atractivo estival de Puerto Deseado, unos 20 kilómetros al norte sobre la costa de Santa Cruz.

Para preservar el ambiente, que también alberga una colonia de 20 mil pingüinos magallánicos, más escuás, cormoranes, lobos marinos, cauquenes, ostreros, gaviotas, gaviotines y hasta grandes petreles, no se permite la presencia en la isla de más de 20 personas a la vez.

Tras salir del puerto, el semirrígido al mando del capitán Ricardo Pérez -uno de sus propietarios- pasó cerca de Punta Cavendish, para avistar una colonia de gaviotines australes en la boca de la ría Deseado.

Con fuerte viento en contra, el "Albatros" avanzaba gracias a su motor de 300 caballos, pero rebotaba con las olas y los pocos pasajeros se amuchaban al fondo para zafar de los fuertes golpes en la proa, aunque no podían evitar espontáneas duchas de agua salada.

Cormoranes y gaviotas surcaban el aire a baja altura, como compitiendo entusiasmados con la lancha y pronto la isla Pingüino dejó de ser una roca en la lejana nebulosa para mostrar sus costas afiladas de rocas oscuras, blanqueadas por el guano de las aves.

En su centro se destaca el antiguo faro en desuso, con tonos rojizos de la pintura gastada, de los ladrillos y del óxido.

Antes de llegar, el bote rodeó la Isla Blanca, una roca más pequeña que es hábitat de unos 2.000 lobos de un pelo en harenes, según la guía Roxana Godonas, que completaba el equipo de Darwin Expeditions en este recorrido.

Luego de avistar al oeste Isla Chata, con la colonia de cormoranes imperiales más grande del mundo, el bote se arrimó a la costa de isla Pingüino, donde un grupo de pingüinos magallánicos parecía esperar cual comité de recepción con sus prolijos y lustrosos fracs.

Los indiferentes
Los pingüinos magallánicos, que también empollan sus huevos siguieron su rutina indiferentes al paso del grupo humano, mientras decenas de gordos escuás dominaban el cielo.

Los ostreros negros metían su largo y rojo pico entre los guijarros en busca de alimento y parejas de cauquenes caminaban por un terreno inusualmente verde, que según los guías se debía a las fuertes lluvias de este año en la región. Luego de llegar a la cima de la roca, donde están el faro y las instalaciones abandonadas de la factoría lobera, tras un breve y empinado descenso apareció la colonia de pingüinos de penacho amarillo.

Tan negros en su lomo y alas como los magallánicos, pero más pequeños y de ojos rojos como rubíes y penachos y cejas amarillos, ocupan cada año los recovecos de la costa de más difícil acceso, entre rocas cortadas como crestas y empinadas laderas.

Si uno camina lento y sin movimientos bruscos, los penachos no se alteran y es posible sentarse un largo rato muy cerca de ellos, para verlos cuidar sus huevos y sus nidos, fotografiarlos y escuchar su agudo aunque áspero canto, pero nunca intentar tocarlos ni molestarlos de cualquier manera.

Paraíso secreto, Puerto Deseado parece albergar a todas las especies, mérito a un espacio que aún preserva su fauna, a instancias de salvaguardar su vida de las "mieles" expandidas del llamado progreso.


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