Ubicada en la Patagonia argentina, Gaiman, la primera colonia galesa en nuestro país, se distingue por las antiguas capillas, su arquitectura colonial y numerosas casas de té. El destino conserva las costumbres galesas de los pioneros, en pleno Valle Inferior del río Chubut. Además, posee un parque paleontológico único en Latinoamérica.
A casi 1.500 kilómetros de Buenos Aires, uno de los destinos tradicionales que se suman a la oferta turística de la Patagonia es la ciudad de Gaiman, constituida en la provincia de Chubut como la primera colonia galesa que existió en el país. Un destino reconocido a nivel internacional luego de la visita que realizó la princesa de Gales, Lady Diana Spencer, a una de sus tradicionales casas de té.

Emplazada en el Valle Inferior del río Chubut, Gaiman resguarda en su territorio las raíces de una cultura cuyas costumbres, idioma y arquitectura se conservan  en la actualidad. Fue sede del primer gobierno comunal patagónico e invita, a escasos 40 kilómetros de la ciudad capital de Rawson, a visitar viejas capillas, museos, chacras de agroturismo y parques temáticos para todas las edades.

Estilo galés
A diferencia del árido paisaje que caracteriza el Norte chubutense, la ciudad de Gaiman está rodeada de verde y coloridos jardines de flores. Posee calles con acequias y árboles que rara vez se aprecian en la Patagonia. Además, en su arquitectura sobresale el uso del ladrillo cocido y un estilo colonial del siglo XIX.

Los primeros colonos galeses arribaron en 1865 y con el paso del tiempo las familias poblaron gran parte del Valle Inferior. El asentamiento que posteriormente dio en llamarse Gaiman -vocablo que en lengua tehuelche significa “piedra e afilar”- fue impulsado por David Roberts, quien construyó la primera casa de este poblado.

Celebración anual
En el poblado una de las tradiciones que se mantiene vigente es la Fiesta del Desembarco o Gwyl Glaniad, que se celebra anualmente cada 28 de julio. Se trata de una ceremonia comunitaria en la que participan los descendientes de antiguos pobladores, vecinos y turistas ocasionales.

En los patios de las capillas se organizan diversos juegos, se sirve té galés para todo el mundo y por las noches hay festivales musicales.

Desde los primeros tiempos, las capillas fueron los sitios elegidos por los colonos como sede de reuniones y soporte espiritual.

El primer culto que se realizó en Gaiman fue en 1875, en la Capilla de Piedra, ubicada junto a la estación de ferrocarril. Un edificio que fue dañado por un temporal y debió ser restaurado. Al circuito de fe se suma también la Capilla Bethel, que significa “Casa de Dios” en hebreo y funciona desde el año 1914.

Una tradición imperdible
Uno de los paseos más tentadores de la visita de Gaiman son las tradicionales casas de té, en las que se degustan infusiones y exquisiteces dulces de tradición galesa.

La ceremonia del té galés fue incorporada en la región con la llegada de los primeros pobladores para ofrecer a sus visitantes su tradicional costumbre de las tardes.

En las casas de té gales se ofrece al viajero infusiones, tortas negras, de nuez y de chocolates con crema: Tartas de manzana y de diversas frutas finas, manteca regional y dulces caseros para untar a scones y panes caseros; y la tradicional torta negra con pasas y otros ingredientes que la hace inolvidable.

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