En lo que va de 2012, las víctimas fatales son doce. Y desde 2008, cuando comenzaron a estudiarse los femicidios, los asesinatos de mujeres con fuego ya suman 60. “Es el máximo de perversión”, dice especialista.
Las ciencias forenses y criminalísticas denominan “efecto copycat” a la imitación en serie que ocurre ante determinados episodios que generan conmoción en la sociedad. En Argentina ocurre justamente eso con el caso que tuvo como víctima a Wanda Taddei, la mujer del baterista de la banda Callejeros, Eduardo Vázquez, quien le arrojó alcohol, la prendió fuego y la mató a principios de 2010. Las estadísticas sobre hechos similares ratifican esta circunstancia: mientras en los dos años anteriores al mencionado episodio se registraron 8 ataques con fuego contra mujeres que terminaron fallecidas, tras el hecho fueron 52 los femicidios bajo esa modalidad. Los datos de 2012 son espeluznantes: ya son 12 las mujeres incineradas muertas y otras 18 que aún luchan por vivir tras ser atacadas.
Las cifras pertenecen a un estudio elaborado por la organización La Casa del Encuentro, que mediante el observatorio Femicidios “Marisel Zambrano” viene realizando desde 2008 un seguimiento de homicidios de mujeres en nuestro país, que lamentablemente no paran de aumentar.
En torno a los casos en que es protagonista central el fuego como elemento de violencia contra la víctima, se sabe que el primer año del estudio fueron dos y en 2009 se registraron seis. En 2010, que se inicia con el caso de Wanda, fueron 11, para ser 29 en 2011 y 12 hasta el 22 de junio pasado. Se suman, en este 2012, las 18 mujeres incineradas que continúan con vida, internadas en gravísimo estado.
La especialista Ada Rico, encargada de los relevamientos, sostuvo a DIARIO POPULAR que la odalidad de atacar mujeres con fuego “representa el máximo de perversión”, agregando que “a partir del caso de Wanda se fomentó la idea de que se trató de un crimen perfecto, donde quemar permitía borrar las huellas de la agresión, y como el baterista Vázquez tuvo privilegio al comienzo de la causa, como excarcelaciones, en muchos varones violentos quedó el registro o la sensación de impunidad”.
El próximo 10 de julio, la Casa del Encuentro presentará el informe final sobre los femicidios cometidos bajo distintas modalidades durante el primer semestre de este año, y ya se adelantó que los casos aumentaron respecto al mismo período de 2011. Este martes, en tanto, en el Congreso de la nación volverá a discutirse sobre la inclusión de la figura del “femicidio” en el Código Penal, un reclamo que intenta penar con mayor castigo la violencia machista. Se cree que el dictamen para el proyecto de ley será aprobado por las distintas comisiones.
El caso de Romina Olivera, una chica de 27 años que lucha por vivir desde que fue incinerada por su pareja el 24 de marzo, forma parte de la lista de 18 víctimas que luchan por vivir luego de resultar atacadas en circunstancias similares este año. Su papá, Gerardo, explicó que se habían hecho 8 denuncias previas a la feroz agresión, pero fueron ignoradas. También contó que él mismo se involucró, para impedir un final que “ya estaba escrito, pero ella siempre volvía”.
“Hay un circuito del que la mujer victimizada no puede salir. Hay que ayudarla. Su familia es muy importante para comenzar a romper esa cadena. A nuestras charlas vienen muchas mujeres, pero también padres, hermanos, amigos. La clave es que la mujer golpeada, vulnerada, tenga contención, y para ello se deben tener herramientas para ese abordaje nada sencillo. En ocasiones, las familias o afectos intervienen de manera errónea, profundizando el distanciamiento, encerrando aún más a la mujer victimizada. Luchamos para que las redes funcionen, desde lo público y con el apoyo de organizaciones independientes, sin embargo sin el apoyo de los afectos, estas mujeres están condenadas. Se requiere voluntad, pero también mucha paciencia, para que la víctima logre dar ese pasito que la libere. Y tienen que saber que no están solas”, dijo Ada Rico.
El primer paso es pedir ayuda
Romper el caparazón
“El circuito de la violencia en las parejas consiste en humillaciones, probablemente golpes, luego el pedido de perdón, las promesas de cambios, y la reconciliación, que nosotras llamamos Luna de miel. Ellas quedan prendidas de ese último momento, pero el círculo siempre vuelve al comienzo, otra vez con el sometimiento, tal vez en mayor grado. Y ahí, en ese punto, hay que trabajar mucho, porque es complicado llegar, romper el caparazón”, sostuvo Ada Rico, de La Casa del Encuentro.
Salir del infierno
Todos los viernes, en la asociación se realizan charlas donde participan diversos especialistas y mujeres victimizadas que concurren buscando una salida al infierno. Por orientación, se debe llamar al teléfono 4982- 2550. “Es muy importante la familia, que participe, acompañe a la víctima. Y la sociedad en conjunto debe comprometerse a no callar, no silenciar este drama”, cerró la experta.
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