La partida fulminante de Tevez a China le cambia a Boca el foco de la atención mediática. La necesidad de dar un salto de calidad para fortalecer a un equipo errático. El rol determinante que puede asumir Gago como protagonista de un estilo futbolístico. Las dos opciones que se le presentan a Boca en el corto y mediano plazo.
Se fue Carlos Tevez a China en silencio. O con muy pocas y tardías palabras en un video casero tan elemental, precario como insuficiente. Y Boca de la noche a la mañana se quedó sin la estrella que había regresado de Europa hace un año y medio con la ilusión explícita de iluminar al equipo. La realidad es que no lo logró. Tevez no hizo la diferencia que se esperaba, más allá de algunos partidos (como el reciente 4-2 a River en el Monumental) en que mostró su verdadera chapa de crack.

Guillermo y Gustavo Barros Schelotto (una dupla técnica que en los papeles no figura como tal, pero que en los hechos está confirmada) tampoco denunciaron hasta el momento ser capaces de dotar a Boca de un funcionamiento perdurable. Ahora, sin Tevez, suman un problema futbolístico pero quizás también encuentran un clima más apacible y menos convulsionado.

Guillermo, en la desprolija e inesperada despedida de Tevez supo definirlo como "un jugador irreemplazable". Nada original. Lo mismo fue Martín Palermo. Y Juan Román Riquelme, entre otros. Aunque para Guillermo, Riquelme nunca fue santo de su devoción. Según su lectura de juego, dormía al equipo. Le quitaba revoluciones. No le daba la velocidad en la entrega de la pelota que él y Palermo necesitaban para ir en búsqueda de los espacios. Esta interpretación de vieja data (se remonta al Apertura 98 cuando Boca con Carlos Bianchi de entrenador ganó el torneo invicto) siempre los distanció.

Fernando Gago Boca


Con Tevez tampoco el ida y vuelta fue ideal. Se bancaban en la formalidad de las relaciones públicas. Pero no había sintonía fina. Ni antes en la etapa en que fueron compañeros de equipo ni después cuando Guillermo y Gustavo abrazaron la profesión de técnico. Y este grado de cierta tensión inocultable provocó desgastes prematuros que nadie en la aldea de Boca subestimó.

Con Tevez lejos, el panorama que se le presenta Boca en el arranque de 2017 admite solo dos opciones: o crece o retrocede. No hay términos medios ni caminos alternativos. Tiene la necesidad imperiosa Boca de dar un salto de calidad que trascienda una rachita de partidos favorables como los triunfos que conquistó frente a San Lorenzo, Racing, River y Colón en el cierre del año. Salto de calidad permanente que hasta ahora no dio. Ni con el Vasco Arruabarrena como técnico ni con los Mellizos, ya casi con un año en funciones.

¿Qué le faltó a Boca en la etapa anterior y en la actual? Juego. Fútbol. Estilo. Regularidad en los rendimientos. Siempre quedó la sensación de que Guillermo casi nunca encontró el equipo. Con Tevez o sin Tevez. Como si todo estuviera demasiado subordinado a los momentos de los jugadores. A la inspiración de los jugadores, en definitiva, que en los últimos 4 partidos del campeonato se manifestó.

Esa inestabilidad y hasta fragilidad anímica quedó brutalmente expresada en la durísima eliminación de Boca en la Copa Libertadores ante Independiente del Valle en La Bombonera, cuando aquella caída sorpresiva provocó un tembladeral que precipitó las salidas inmediatas del Cata Díaz y Agustín Orión, marcados como los chivos expiatorios de la derrota. Y hasta Tevez quedó enfocado por ese aire ausente que mostró en la recordada noche del 14 de julio del año pasado.

Guillermo Barros Schelotto


Que Boca haya finalizado la primera parte del torneo como único puntero (faltan jugarse aún 16 fechas) no significa que el equipo haya encontrado un rumbo sensible a sus aspiraciones. Si encontró algo concreto fue el juego circular del reaparecido Fernando Gago, después de la grave lesión que padeció. La irrupción de Gago terminó siendo la mejor noticia que recibió Boca en los últimos meses.

Tiene una particularidad Gago que lo sigue distinguiendo a pesar de sus altibajos siempre pronunciados y quizás incomprensibles: hace jugar. En especial, cuando no traslada en exceso.
Cuando recibe, no se demora y la pasa. Cuando mira y elige. Porque en la elección de la maniobra un jugador revela que clase de futbolista es. Mejor o peor. Y Gago suele elegir bien. Aún arriesgando la pelota en zonas comprometidas. Pero a veces es indispensable arriesgarla para sacar ventajas.

Si Gago ratifica partido tras partido esas estupendas producciones que construyó sobre el cierre del año, Boca va a crecer. Porque el buen juego también se contagia, irradia confianza, soltura, atrevimiento. En la influencia decisiva que pueda adquirir Gago en la estructura y en el funcionamiento del equipo, Boca puede permitirse cruzar su medianía.

Tevez podía aportarle desequilibrio, empuje y llegada. Pero no un estilo. Y Boca precisa aferrarse a una idea o a un estilo. Si la idea o el estilo no se busca y menos aún se consolida, Boca va a retroceder.

Por supuesto, Guillermo y Gustavo no son ajenos a este escenario. El tiempo dirá que quisieron hacer. Y qué hicieron.

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