En la avenida Iriarte al 2700, en el barrio de Barracas, Mario Kupit atiende la parada de diarios familiar desde hace un año y medio. A primera impresión, pareciera que el lugar es uno más de los cientos de puestos pero hablando con Mario, se puede percibir que hay mucho más.
“Este es el único puesto de la ciudad que está en la puerta de la casa de sus dueños”, cuenta Mario Kupit, ex administrativo, escritor y canillita que acaba de cumplir 60 años y se presentó con gran éxito en la última edición de la Feria del Libro.
Hasta hace un año y medio atrás, el puesto que ahora se encuentra ubicado en el frente de la casa de la familia de Mario, estaba algunos metros más cerca de la esquina, lugar que ocupó por más de cien años.
Los hijos de Mario compraron el puesto, y él se cargó al hombro el puesto de “gerente de marketing”. “Si ves los quioscos de toda la zona, vas a ver que éste es el único que tiene todas las revistas que salen a la venta. Pero además, armo un marketing diferente: hago cosas que no hace ningún otro canillita como sorteos de libros remanentes. A veces elegimos al mejor cliente y lo hacemos con diferentes criterios: gana el que compra variado en lugar del que compra mucho”, cuenta Mario a El Porteño del Sur.
“También hicimos sorteos de todo tipo. En Navidad armamos una canasta Navideña que iba acompañada de revistas, libros y cosas para los chicos porque el objetivo era que la ganancia de la venta de los números se donara a Casa Cuna. Justo el número que salió no se vendió no salió así que donamos todo lo recaudado a esa entidad. En Reyes hicimos una colecta y donamos todo lo recaudado para los chicos”, agrega Kupit.
Con todas estas acciones, más algunas que quedan en la anécdota cuando premió a un cliente de 95 años como “el mejor padre” o cuando regala libritos para pintar a los nenes que no pueden comprarlos, Mario se ubicó rápidamente como uno de los comerciantes más queridos de la zona.
Por supuesto que parte del éxito del “quiosco de Ítalo” no podía estar muy alejado del nombre de Diario Popular, cuyo logotipo exhibe con orgullo en los plásticos extensibles de los costados del local. “El diario que más se vende acá en el puesto es Diario Popular”, afirma.
Mario exhibe orgulloso los tres libros que lleva editados en los últimos tres años. “Hace algunos años me dije que el día que me jubilara iba a empezar a escribir pero cuando me echaron del trabajo hace algunos años pude adelantar el tiempo”
Su primer libro, Antología, lo hizo con una selección de cuentos que escribió para participar de diversos concursos alrededor del mundo. “Elegí veintipico de entre más cien cuentos que escribí en los últimos 10 años y armé este libro”, cuenta.
Su segundo libro es a su vez su primera novela y la llamó “El TeZoro Oculto” con “Z”, aunque asevera que para descubrir por qué de esta falta ortográfica hay que leerla hasta el final, como un maestro del suspenso que ya despliega talento desde el título. “Esta novela es una mezcla entre ficción y realidad. Es la historia de dos mellizos que emprenden un juicio contra su madre, que no podía mantenerlos, por haberlos separado a dos días de nacer”, cuenta el autor, que confiesa que la inspiración para escribir este libro vino de su propio padre. “Tuve que escribir durante tres años y medio en los que junto a un terapeuta pudo superar esta historia”, relata Mario al borde de la emoción.
Su tercer libro “Somvras” es totalmente ficticio pero hace honor al título con el que se presenta Mario cuando extiende su tarjeta: “escritor que habla de sentimientos”. “Es la historia de un niños que es abandonado por su padre en la década de 1940, cuando debe exiliarse en el exterior del país. El padre le promete que le proporcionará los medios para subsistir desde afuera y el lector asiste al crecimiento de este joven hasta su adultez para comprobar si hay o no luces entre tantas “Somvras””, explica el escritor.
“Ahora estoy armando un libro para la feria del año que viene”, explica Mario, y cuenta que las historias le salen naturalmente y él va “almacenando” lo que su inspiración le dicta. “Yo estoy armando cinco o seis libros que ya están empezados. Yo escribo sobre sentimientos y es muy difícil hacerlo en el día a día. Vos estás escribiendo sobre un sentimiento raro y lo escribís de una manera y al otro día te sentís de otra y el texto tiene un significado totalmente diferente. Así que hay que empezar a corregir”, explica.
La familia de Mario colabora activamente en sus escritos. “Yo les cuento lo que voy escribiendo y ellos opinan. Cuando estaba escribiendo “Tezoro Oculto” le conté a mi hijo sobre el argumento y él me hizo reacomodarlo todo de manera que la trama avance durante el juicio y no que éste tenga lugar en los capítulos finales. Metí todo lo que ocurría en la historia dentro del juicio y la verdad es que quedó bárbaro”, admite orgulloso.
Por otra parte, Mario cuenta que gracias a un contacto pudo editar su libro a través de un sello colombiano mientras que en la feria del libro se presenta todos los años en el stand de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). “Este año vendí varios libros en la feria y con los que compraron en el kiosko agoté las ediciones, sólo me quedan los que exhibo acá”, cuenta orgulloso.
Mario también revela que tiene otros dos libros “miniatura” que se entregaron gratuitamente en la última feria del libro infantil: “El Reloj del Abuelo” un relato de su vida hasta los ocho años- y “Mora Vlanca” que escribió desde el punto de vista de su propio hijo.
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