Puertas adentro, lo que la pandemia esconde y la TV no refleja. Las redes sociales y whatsapp, saturados, pasan inadvertidos con el bombardeo irracional y desordenado de todas las voces del inframundo. La víctima de hoy: el seleccionado amateur argentino de boxeo

No se ve. No se quiere ver. O no se quiere mostrar.

Pero más allá de lo que se muestra por fuera, de los datos oficiales – ¿siempre tan confiables?-, o de lo que se quiere que trascienda, subyacen consecuencias desconocidas en todas las actividades. La otra cara de la historia –se supo decir “la verdadera historia”-, que es sano conocer, o al menos tener en la mano a la hora de evaluar.

No es una muerte, claro, cosa que hoy devalúa considerablemente cualquier interés en este contexto de terror. Pero de a poco –o no tan de a poco- se irá matando a un sistema, que seguramente tenía fallas y había que perfeccionar, pero quién sabe para qué lado, o si era de este modo.

Ascensos, descensos, promedios, no promedios, Copas, campeonatos, fechas, público sí, público no, todo parece materia de discusión periférica mientras las cuarentenas se alargan, los plazos se estiran, y la plata no aparece. Sí en cambio las deudas, que se instalan como nubarrones. Lo único que parece firme son las deudas. Y las reducciones salariales o laborales, atenuadas por el discurso “primero la vida”, e hipócritas slogans como “separados, pero juntos”, “lo ganamos entre todos”, o “más unidos que nunca”.

Los deportes profesionales seguirán su marcha de alguna forma, e incluso adosarán el juego virtual –o nos prepararán para eso- con los héroes de carne y hueso llevados a una play que reportará su rédito a los portadores de imagen. ¿Pero alguien tiene idea o información de lo que pasa con los amateurs?

Sin ir más lejos, el equipo de boxeo argentino amateur, nuestra Selección Nacional, que se estaba preparando para clasificar a los JJOO de Tokio, si bien se entrena de lunes a sábado monitoreado por el cuerpo técnico a través de la plataforma ZOOM, con muy buena predisposición de los boxeadores a los que se sumaron sus entrenadores personales -reforzando el compromiso al sentirse parte del proceso y sumando experiencia-, sufre problemas de diferentes índoles, donde la motivación y el desgaste sicológico/social/económico es la vedette.

No se dice mucho, pero puertas adentro ya hasta se duda de que Tokio se realice el año próximo. Y de ser así, se cancelaría definitivamente. Eso haría que a la vez se postergaran o cayeran varios proyectos asociados.

¿Qué se haría entonces con todo este background? ¿Cómo se mantendrían los planteles ante ese escenario? ¿Y cómo se resolvería el tema de las empresas que ya pusieron 1,4 billones de dólares para el desarrollo y la infraestructura, más allá del sponsoreo?

En Estados Unidos, el Nº 1 de los 64 kg, Keyshawn Davis, medalla de Plata en el Mundial AIBA de Rusia 2019, ya se hará profesional y firmó con Top Rank.

Aquí hay rumores de que el 75 kg, Luis Verón, quiere pasarse también al profesionalismo, lo que no lo invalidaría reglamentariamente para seguir su camino olímpico, aunque de ser así ya no entrenaría más con el plantel, y comenzaría la tendencia al desmembramiento. Es difícil mantener a los equipos y a los atletas.

Por eso ya se sumaron sicólogos al cuerpo técnico y recursos para la contención.

Lautaro Moreno, responsable dirigencial de la FAB en el área de las Selecciones, le cuenta a DIARIO POPULAR:

El boxeo profesional es una amenaza, a pesar de que no hay actividad en el mundo. Pero varios chicos lo manifestaron. Lo estamos trabajando con nuestros sicólogos Rodolfo Olivetto y Darío Iglesias”.

No obstante estamos contentos por cómo se están adaptando los atletas y cómo se acoplaron los DT personales. Tuvimos casos muy aislados de personas que no se sentían motivadas para entrenar de manera online. Pero esa resistencia la revertimos con charlas cuando comprendieron la gravedad de la pandemia”.

Se supone que para fin de año –de octubre a diciembre- tendríamos competencia oficial, pero eso falta definirlo. Se teme un rebrote para el año que viene en Japón y toda esa zona, pero hay que estar preparados. El problema es que no hay guanteos, y eso es irremplazable y fundamental para las presentaciones. No obstante, la problemática mundial nos dio oportunidades de trabajar intensamente el modelaje técnico-táctico y de afirmar fundamentos”.

Existe un proyecto de hacer boxeo a puertas cerradas en la FAB, para lo cual se está trabajando en un protocolo, pero se ignora si eso incluye boxeo amateur. Debiera ser así, e incluir al equipo nacional, mechando con las diferentes Ligas de la zona en el programa que TyC Sports llevaba adelante, llamado “Boxeo Promocional”.

La AMB también está estudiando un proyecto para hacer boxeo, tanto profesional como amateur de Elite, y darle una continuidad semanal en diferentes países, siempre con un protocolo definido y avalado por médicos, que debe ser aprobado por el Gobierno de cada país. Y la idea es que siempre haya algún título AMB en juego, facilitándole las cargas económicas y arancelarias al promotor que se cargue el evento, para el cual contará con el respaldo de la TV de turno, cosa que ya está cerrada.

Será además con autoridades locales, seguramente de no más de 60 años, sin público, quizás hasta transmitiendo desde estudios centrales, y por qué no, produciendo notas vía redes sociales. Es decir, un nuevo formato al que habrá que adaptarse o quedar afuera.

Una generación completa seguro lo estará.

¿Juntos? ¿Entre todos? Nada parece apuntar a eso en el futuro que se nos viene encima o nos lo hacen venir.

Un nuevo mundo donde prendemos la tele ya no para actualizar los resultados de las elecciones o los partidos de fútbol, sino de las muertes que nos gritan como goles en los noticieros, con corresponsales en distintos puntos estratégicos del mapa, a los que poco les falta para irrumpir con un “atento Fioravanti”.

¿Quién maneja la balanza del bien y del mal? ¿Nos agrada el mundo que nos propone alguien, sobre el que no podemos siquiera optar?

Temor, aislamiento, permisos para deambular, denuncias al vecino rebelde como a un subversivo, o un cristiano de hace 2000 años, o a los judíos luego, o a los zurdos.

Vacunarse para “pertenecer” a la sociedad, o tener derechos sin ser discriminado. Y si no, ser la peste. Mirarnos de reojo. Qué poco nos costó volver a los orígenes.

No permitir disidencias, o ridiculizarlas. Censurar a autoridades médicas cuyas voces acallan por estar en contra, o porque explican la manipulación de datos y estadísticas, o el origen no natural del virus, y denuncian en el vacío una persecución de la OMS (Organización Mundial de la Salud). ¿A nadie le interesa de repente escuchar otras voces, con el cambalache diario que era la TV hasta hace poco?

Agrade o no, vamos hacia eso, calladamente. Porque las muchedumbres están prohibidas. Ni salir podemos y lo que es peor, ni queremos experimentarlo, por si acaso. Sólo queda aplaudir por el balcón –el que lo tiene- y como mucho, elegir a qué hora.

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