El integrante de TN deportivo sufrió una convulsión en una de sus piernas, como secuencia de un tumor que superó en el cerebro.
El susto fue grande. Durante casi una semana, Ricardo Caruso Lombardi, uno de los periodistas deportivos más polémicos y picantes, estuvo internado. El ex DT fue ingresado a un centro de salud a consecuencia de que una de sus piernas empezó a convulsionar. Considerando que tres años atrás había sido operado por un tumor cerebral benigno, la situación lo alarmó a él y a su esposa.
Caruso fue asistido de urgencia y trasladado a terapia intensiva, estando sedado por más de dos días. Le realizaron distintos estudios y determinaron que en su extremidad no tiene nada. Sin embargo, dado sus antecedentes de salud, los especialistas en medicina consideran que, quizá, la situación que atravesó en una de sus piernas, puede ser una secuela de lo vivido.
Y después de varios días de cuidados, Lombardi fue dado de alto con algunas premisas a tener en cuenta. Por un lado, el integrante de TN deportivo -los fines de semana, por la señal de noticias- tiene que tomar una medicación especial. Y, por el otro, mantener un estilo de vida lo más saludable posible.
Pero, también, los médicos le pidieron especialmente a Ricardo que, por un tiempo extendido en seis meses, no maneje. Es decir, de ahora en más, Caruso se tiene que movilizar de un lado al otro para cumplir con sus múltiples actividades, con chofer o con autor aplicación dado que sería un peligro, que se vuelva a subir a un móvil.
"Un domingo me fui a caminar al hipódromo como suelo hacerlo. Había dejado pasar un dolorcito en la sien que me molestaba. Me ponía hielo y se me calmaba. Fui a la guardia del Jockey Club y pedí que me hicieran una tomografía. A las horas me llamaron de la clínica y me dijeron que fuera urgente. Se me atragantó la comida...", recordó, Ricardo, sobre lo vivido a fines de 2022.
"La médica me dijo que había algo que no le gustaba y que fuera a ver a un neurólogo. El problema no era donde me dolía, era arriba. Tenía un tumor de 3 centímetros, el tamaño de una ciruela. Lo único que me calmaba para recuperar la vista era recostarme. Empecé a tomar diuréticos para eliminar líquido y ahí se me equilibró. Pero un día la médica me dijo que me tenía que operar porque si no lo hacía, a los cinco meses me iba a quedar ciego".
"Te agarra una desesperación que no sabés qué hacer. Fui a ver al Padre Ignacio a Rosario y cuando volvimos nos tragamos un animal en la ruta y rompimos todo el auto. Si nos agarraba de frente, nos hacíamos pomada. Todavía no sabemos qué era, era muy alto y blanco. En los 12 años que peleé descensos en Primera y estuvo a full, no me pasó nada. Cuando tu cuerpo está tranquilo empiezan a encenderse las luces. Los nervios y todo lo que sufrí me empezó a pasar factura, no me cabe ninguna duda".
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