Una goleada tan previsible como lógica, de acuerdo a la estatura, a la historia y al potencial de ambos equipos, cerró la miniserie de amistosos que le dieron la bienvenida a Jorge Sampaoli como técnico del seleccionado argentino. El 6-0 sobre el flojísimo Singapur quizás le haya servido al nuevo entrenador para extraer conclusiones distintas a las del viernes pasado, en el 1 a 0 ante Brasil. Y desde la óptica de hinchas y periodistas, algunas aristas sobresalen en el balance de ciento ochenta minutos...
En primer lugar, los trazos gruesos de la idea de Sampaoli apuntan a consolidar una Argentina agresiva y ofensiva, que muestre variantes a la hora de buscar el desequilibrio, aunque sin dejar de lado el orden. Con esa base, resultará clave que el DT convenza al plantel a través de su mensaje y de cada entrenamiento, y que ajuste la elección de los intérpretes. El tiempo pasa y los métodos de trabajo se renuevan, pero la precisión para elegir a sus dirigidos sigue siendo una función clave de cualquier seleccionador, sobre todo si dispone de muchas individualidades de calidad, como ocurre en el caso de Argentina.
En la segunda prueba, si bien el abanico se abrió para varios futbolistas, la debilidad extrema del rival impide lanzar sentencias categóricas. No es lo mismo enfrentar a un seleccionado ubicado por evidentes razones en el puesto 157 del ranking de la FIFA, que -como sucederá el 31 de agosto- a Uruguay en Montevideo, con la tabla de las eliminatorias señalando que cualquier resbalón en el último tramo del camino hacia Rusia 2018 sería muy riesgoso. Por lo tanto, hay que adecuar las reflexiones a las circunstancias y esperar que el proyecto encuentre respuestas apropiadas rápidamente, pues aunque esto recién se ha puesto en marcha, la competencia que dirá si vamos o no al próximo Mundial está en su última y decisiva etapa.
Fue hasta curioso el trámite del encuentro en el estadio Nacional de Singapur. Argentina, que presentó un esquema (2-3-4-1) del cual se habló constantemente en las horas previas, manejó siempre la pelota y goleó sin exigirse a fondo, ante un adversario que aglutinó jugadores del medio hacia atrás, pero que ni presionó, ni diagramó marcas pegajosas, ni puso demasiadas trabas en su zona defensiva... nada de nada.
Simplemente había que acertar el último pase o el remate al arco para que la abismal distancia entre ambos quedara reflejada en el resultado. Así, una cómoda aparición de Fazio tras un tiro de esquina y otra de Correa aprovechando una cesión de Dybala establecieron el 2-0 parcial, redondeado en la segunda parte por el Papu Gómez, Paredes, Alario y Di María.
Argentina le ganó a Brasil entre las luces del primer tiempo y las sombras de la segunda etapa. Y aplastó a Singapur sin despeinarse. Sampaoli vio a casi todos los convocados y ahora deberá ejecutar decisiones de cara a lo que viene, que será determinante y que ya no tendrá nada de amistoso.
comentar