Desde que arrancó el receso del torneo sólo suma problemas, tanto adentro como afuera de la cancha. El equipo no funciona y los actos de indisciplina ya son una constante. No hay lugar para más equivocaciones.

Si hay alguien que se debe seguir lamentando por el inoportuno e interminable receso del torneo local ese es, seguramente, el técnico de Boca, Guillermo Barros Schelotto. Es que aquella jornada sumamente feliz, del 18 de diciembre de 2016, cuando su equipo goleó a Colón, 4 a 1, en La Bombonera, para quedar como único puntero, parece haber quedado muy lejos en el tiempo, sepultada por miles de contrariedades que hoy hasta ponen en duda su continuidad al frente del plantel.

Sólo pasaron dos meses, es verdad, pero fueron tantas las cosas que ocurrieron que el lapso parece ser mayor. Desde la abrupta salida de Carlos Tevez para marcharse a China, los hechos se desencadenaron como en un efecto dominó, hasta redondear un momento preocupante, con el punto de efervescencia en la pelea que protagonizaron Juan Manuel Insaurralde y Jonathan Silva en plena práctica, más un nuevo acontecimiento que salió a la luz en la agitada vida de Ricardo Centurión. Y en el medio, los cuestionamientos a un funcionamiento futbolístico que cayó en picada, con actuaciones decepcionantes durante el verano y con preocupaciones por situaciones que parecen no tener solución, al menos por el momento, como la presencia de un arquero de real jerarquía y de defensores que otorguen un salto de calidad para una defensa que da demasiadas ventajas.

En pocas palabras, Boca inquieta por lo que muestra adentro de la cancha, pero mucho más por lo que pasa afuera de la misma, donde el Mellizo parece haber perdido liderazgo y no existen los referentes que marquen el rumbo en un plantel que sólo demuestra rebeldía (para mal) en lo disciplinario y no en lo futbolístico, donde realmente hace falta. Con el agregado que el único con espaldas como para asumir ese rol, Fernando Gago, hoy está con la cabeza puesta en la renovación de su contrato.

Un panorama poco alentador para Guillermo, que además sabe que debe ganar si o sí este torneo para poder mantenerse en el cargo, ya que su vínculo con el club vence a fines de junio. “Recién en ese momento se podrá hacer una evaluación sobre mi trabajo”, dijo hace unos días, seguramente conciente que se juega mucho de acá en adelante. Y en ese sentido, le aguarda una tarea nada sencilla, en un Boca que no se cansa de sumar inconvenientes en cada jornada.